El pragmatismo al rescate: Milei busca en China los dólares que no llegan de Occidente

Hace 6 meses Economía

 ​El escenario político argentino acaba de dar un giro que muchos consideraban impensado meses atrás. El Gobierno de Javier Milei, que inició su gestión con una retórica marcadamente crítica hacia el gigante asiático, ha decidido priorizar la urgencia económica sobre la ideología. En una movida estratégica, el Ejecutivo solicitó a China un crédito de 150 millones de dólares para reactivar la construcción de la represa hidroeléctrica Jorge Cepernic en Santa Cruz.

​La obra, que forma parte de un complejo energético clave para la Patagonia, se encuentra paralizada desde diciembre de 2023 con un avance del 42%. El proyecto depende de una Unión Transitoria de Empresas (UTE) donde la estatal china Gezhouba Group es el actor central. Sin este flujo de fondos, el futuro de la infraestructura energética y de miles de puestos de trabajo directos e indirectos pendía de un hilo.

​De la retórica a la billetera

​Durante la campaña electoral, el actual mandatario fue tajante al afirmar que no haría negocios con países bajo regímenes comunistas, alineándose de manera casi exclusiva con Estados Unidos e Israel. Sin embargo, la realidad de las reservas del Banco Central y el estancamiento de la obra pública parecen haber forzado un baño de realismo. Ante la falta de líneas de crédito fluidas desde los mercados occidentales, Pekín vuelve a emerger como el financista de última instancia.

​La reactivación de la represa no es un tema menor. Significa:

​Los desafíos del giro

​Este acercamiento no está exento de riesgos. Por un lado, el Gobierno se expone a críticas por la contradicción entre su discurso y sus actos, lo que podría afectar su credibilidad ante el núcleo más ideologizado de su electorado. Por otro lado, queda el desafío de mantener el equilibrio con Washington, que observa con recelo cualquier avance de la influencia china en proyectos de infraestructura estratégica en el Cono Sur.

​En definitiva, la gestión de Milei parece haber comprendido que el mundo se mueve por intereses y no por consignas. Argentina, con su fragilidad estructural y necesidad de divisas, se ve obligada a ejercer un pragmatismo puro para evitar que obras vitales terminen convertidas en monumentos al abandono.

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