La nueva etapa impulsada por Passalacqua

Hace 1 hora EDITORIAL DEL DOMINGO

Hace apenas unas semanas parecía que el principal movimiento político en Misiones pasaba por la reorganización del oficialismo. Las desafiliaciones, los nuevos espacios, la redefinición de liderazgos y el reacomodamiento interno ocupaban el centro de la escena. Sin embargo, con el correr de los días empezó a aparecer otro proceso, quizás más profundo: la decisión de que esa nueva etapa no quede solamente expresada en la política sino también en la forma de gobernar.

La diferencia no es menor. Una cosa es reorganizar el poder otra muy distinta es reorganizar el Estado.

Y esa parece ser hoy la prioridad de Hugo Passalacqua.

Una reorganización que va más allá de los nombres

La reestructuración del gabinete anunciada esta semana no puede leerse únicamente como un cambio de nombres. Reducir ministerios, fusionar áreas e incorporar organismos bajo una conducción común responde a una lógica que el propio Gobierno viene insinuando desde hace meses: menos compartimentos estancos y más gestión integrada.

La incorporación de dos intendentes con experiencia como Julio Barreto y Matías Vilchez tampoco parece casual. Antes había llegado Carlos Sartori a la coordinación del gabinete.

El mensaje político es evidente: sumar dirigentes acostumbrados a administrar municipios, convivir con restricciones presupuestarias y resolver problemas concretos de los vecinos.

No se trata solamente de ampliar el equipo.

Se trata de incorporar volumen de gestión.

El territorio como eje del nuevo modelo

La misma lógica apareció pocas horas después en San Ignacio.

La cuarta reunión del gabinete con casi cuarenta intendentes fue bastante más que un encuentro institucional. Fue la ratificación de un método. Mientras durante años gran parte de la administración provincial funcionó con fuerte centralidad en Posadas, hoy la apuesta parece ser exactamente la inversa: que los ministros recorran el territorio, escuchen a los municipios y construyan respuestas junto con quienes conocen cada realidad local.

Cuando Passalacqua les dijo a los intendentes que son el vehículo para llegar al millón y medio de misioneros estaba definiendo algo más que un vínculo político. Estaba describiendo un modelo de gestión donde el municipio deja de ser un simple ejecutor para transformarse en socio permanente del Gobierno provincial.

Ese esquema también ayuda a entender por qué varios intendentes comenzaron a ocupar lugares estratégicos dentro del gabinete. La experiencia territorial dejó de ser solamente un capital electoral para convertirse en un criterio de administración.

Salarios, previsibilidad y administración

La semana dejó además otra señal importante.

Mientras muchas provincias siguen postergando definiciones salariales por la caída de recursos nacionales, Misiones volvió a anunciar aumentos para docentes, fuerzas de seguridad, jubilados y retirados, además de anticipar nuevas mesas de negociación para Salud y la administración pública.

Naturalmente, cualquier incremento salarial puede ser discutido respecto de si alcanza o no frente a la inflación. Los sindicatos seguirán reclamando, como corresponde. Pero existe una diferencia política entre discutir porcentajes y no tener absolutamente nada para discutir.

La previsibilidad que buscó instalar el Gobierno con aumentos programados para julio y septiembre intenta justamente ofrecer una referencia en un escenario económico donde predominan las incertidumbres.

La obra pública como motor económico

Al mismo tiempo, la provincia continúa sosteniendo otro frente especialmente sensible: la obra pública.

Con recursos propios mantiene la construcción de viviendas, reactiva proyectos paralizados por la Nación y gestiona un financiamiento internacional por 40 millones de dólares para recuperar alrededor de setenta obras.

No es un dato menor.

La construcción no solamente resuelve déficit habitacional también genera empleo, moviliza proveedores y sostiene parte de la economía regional.

En ese contexto también se entiende la decisión de aliviar la carga tributaria sobre el ingreso de mercaderías, medida que ya comenzó a mostrar sus primeros efectos con nuevos contribuyentes provenientes de otras provincias y una reducción significativa de los tiempos de espera en los controles.

No son anuncios espectaculares.

Son decisiones de administración.

Un cambio de estilo

Y quizás allí aparezca una de las principales diferencias de esta etapa.

Durante mucho tiempo buena parte del análisis político sobre Misiones giró alrededor de las internas, los liderazgos o la ingeniería electoral. Hoy el oficialismo parece intentar desplazar esa conversación hacia la gestión cotidiana.

Que el debate deje de ser solamente quién conduce para pasar a discutir quién resuelve.

Incluso en temas menos visibles aparece esa impronta.

La preparación frente a un eventual fenómeno de El Niño, la coordinación con organismos nacionales para prevenir incendios forestales o el plan binacional para reintroducir el mono carayá rojo muestran una administración que intenta anticiparse a los problemas antes que reaccionar cuando ya ocurrieron.

Los desafíos que siguen pendientes

Nada de esto elimina los desafíos que enfrenta Misiones.

La economía continúa condicionada por un escenario nacional complejo, la caída de recursos federales obliga a priorizar gastos y muchas demandas sociales siguen esperando respuestas.

La gestión provincial tampoco está exenta de errores ni alcanza con reorganizar estructuras para garantizar mejores resultados.

Pero sí puede afirmarse que empieza a consolidarse un cambio de estilo.

Passalacqua parece decidido a construir legitimidad menos desde la centralidad política y más desde la capacidad de gestión menos desde la lógica del anuncio y más desde la presencia permanente en el territorio menos desde la administración de las internas y más desde la administración de los problemas.

Después de varias semanas donde el oficialismo discutió cómo reorganizar su espacio político, comienza otra discusión probablemente más importante: cómo reorganizar el Estado para que responda mejor.

Porque, al final, los nuevos liderazgos no se consolidan por cambios de gabinete o discursos elocuentes. Se consolidan cuando la gestión, el Estado y la política se alinean tras una búsqueda común.

Porque la sociedad no evalúa un gobierno por la cantidad de ministerios que tiene ni por los nombres de un gabinete. Lo evalúa por algo mucho más simple: si consigue resolver los problemas que afectan a la gente.

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