
Instituto San José: desde una humilde escuelita parroquial a 90 años de historia educativa en Eldorado
Hace 1 hora Sociedad
El crecimiento de la Colonia Eldorado y la creciente cantidad de niños en edad escolar fueron el motor que movió a un grupo de padres y tutores a soñar con una educación más cercana. Gracias al aporte de don Carlos Ziegler, quien cedió un espacio, alrededor del año 1926 nació de manera sencilla y humilde una escuela parroquial que sería el germen de lo que hoy conocemos como el Instituto San José.

Al frente de aquel proyecto estuvo el Reverendo Padre Jorge Gottschalk, sacerdote de origen alemán, que se encargó personalmente de enseñar lectura, escritura, matemática, religión e idioma alemán, y confió la dirección a la señora Burchardt. Tras diez años de trabajo incansable, la escuela contó con un edificio propio en el Kilómetro 11, detrás de la Iglesia San Miguel Arcángel, y el 27 de agosto de 1936 llegó la autorización oficial, un hito que marcó su consolidación.
Los primeros pasos de una historia de compromiso
El señor Antonio Burchardt fue uno de los grandes colaboradores, ayudando en la construcción del techo y la instalación de los servicios de agua y luz. Los alumnos de entonces recorrían largas distancias para asistir, al punto que los propios niños abrieron una picada entre los yerbales para acortar el camino.

El horario era matutino: en verano se entraba a las 7:30 y se salía a las 12 en invierno, media hora más tarde tanto a la entrada como a la salida. En las aulas, varones y niñas se sentaban en grupos separados. Los alumnos también participaban activamente en el mantenimiento: limpiaban las aulas, enceraban los pisos y cuidaban sus pupitres, e incluso usaban "patines" para ingresar al edificio.
Más que una escuela
Contaban con material didáctico variado y, en el altillo del edificio, funcionaba una pequeña librería que proveía los útiles necesarios, cuyo costo estaba incluido en una cuota mensual mínima que aportaban las familias.

Al finalizar cada año lectivo, los alumnos rendían exámenes orales y escritos para pasar al grado siguiente, evaluados por inspectores que llegaban desde Posadas y docentes de la Escuela Nacional Nº 129. Tampoco se descuidaba la salud: anualmente los niños eran atendidos por el doctor Ogara, responsable del Dispensario de la Colonia, quien les aplicaba vacunas y realizaba controles y tratamientos parasitológicos.
Más de nueve décadas después, aquella humilde iniciativa sigue viva, como testimonio del esfuerzo de una comunidad que apostó desde el primer día a la educación de sus hijos.
Tomado del muro de Paquita lowe.

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