
Passalacqua y el territorio como método: cercanía y gestión en plena crisis nacional

En un momento crucial para toda la dirigencia política del país, la presencia territorial, la sencillez y la cercanía se convierten en valores y herramientas de gestión para gobernar con el pulso puesto en las demandas de la gente.
Con ese modo de andar, Hugo Passalacqua sostiene desde hace tiempo un nivel alto de aceptación, mientras la crisis económica nacional aumenta el malestar social y desgasta a buena parte de la dirigencia.
Las mediciones nacionales de CB Consultora vienen registrando esa continuidad. Passalacqua se mantiene desde hace meses entre los gobernadores con mejor imagen del país: fue cuarto en junio y tercero en agosto. Las encuestas son fotografías de un momento y naturalmente pueden variar, pero cuando una tendencia permanece comienza a expresar algo más profundo.
El territorio como forma de gobernarPassalacqua hizo del territorio una forma de gobernar.
Todas las semanas recorre municipios, habla con intendentes, productores, comerciantes, docentes y vecinos. Escucha necesidades, conoce problemas y vuelve sobre ellos.
En una provincia extensa, con 79 municipios y una importante población rural, estar cerca no es solamente una cuestión de estilo. También permite establecer prioridades y decidir dónde colocar recursos que hoy son escasos.
Allí probablemente se encuentre una parte importante de su fortaleza política.
Passalacqua fue construyendo una imagen pública asociada a una forma de ejercer el poder caracterizada por la cercanía, la austeridad y la presencia territorial. Para sus seguidores, esa percepción se vincula con una idea sencilla: trabajar, recorrer, escuchar, cuidar los recursos públicos y responder a las demandas concretas de la población.
Parecen condiciones elementales. Hace tiempo dejaron de serlo.
Ese perfil también le permitió construir una identidad política propia y tomar distancia de prácticas y formas de conducción asociadas a una etapa anterior, cuando la concentración del poder y la preservación de espacios políticos ocuparon un lugar central.
Hoy Passalacqua aparece con mayor margen para imprimir su propio sello en las decisiones de esta nueva etapa.
Y la semana que termina dejó varias muestras.
Una motoniveladora también es políticaEl viernes, la Provincia entregó dos motoniveladoras nuevas a El Soberbio e Hipólito Yrigoyen, adquiridas con recursos provinciales y destinadas principalmente al mantenimiento de caminos rurales.
Cada máquina representa una inversión cercana a los 240 millones de pesos.
Puede parecer una decisión menor observada desde Buenos Aires. En Misiones significa otra cosa: caminos para sacar producción, llegar a una escuela, acceder a un centro de salud o mantener comunicada una colonia después de varios días de lluvia.
También es el resultado de escuchar a los intendentes.
Esta semana, los jefes comunales del norte volvieron a reunirse con el Gobierno provincial para revisar prioridades frente a un cierre de año complicado por la reducción de recursos nacionales.
Silvia Estigarribia, intendenta de Profundidad, resumió públicamente esa relación al mencionar respuestas provinciales para medicamentos, traslado de pacientes, iluminación, caminos y proyectos de infraestructura.
El municipio es la primera ventanilla de cualquier crisis.
Cuando falta un medicamento, se rompe un camino, una familia pierde el techo o un productor no puede sacar su cosecha, el vecino no discute macroeconomía. Busca una solución.
Y gobernar empieza precisamente allí.
Menos presión fiscal para sostener la actividadTambién hubo esta semana una señal hacia el turismo.
A partir de octubre, profesionales independientes y prestadores vinculados al sector pasarán de pagar una alícuota del 5% al 3,5% de Ingresos Brutos. Las agencias de viajes minoristas, además, quedarán temporalmente excluidas del régimen de retenciones bancarias.
Es oxígeno tributario.
Y adquiere mayor significado porque llega en un contexto de caída del consumo y dificultades para sostener empresas y empleo.
Hay una definición detrás de estas medidas: cuando la economía se achica, la recaudación no debería convertirse en una carga adicional para quienes todavía producen, venden, invierten o generan trabajo.
No es una decisión aislada.
Durante el año, la Provincia eliminó el pago a cuenta cuestionado durante años como una “aduana paralela”, quitó retenciones sobre movimientos bancarios y billeteras virtuales para monotributistas, mantuvo herramientas de regularización tributaria y sostuvo los programas Ahora para estimular el consumo.
El Black Friday realizado simultáneamente en Eldorado y San Vicente fue otra expresión de la misma lógica: utilizar recursos provinciales y acuerdos con municipios, cámaras empresariales y entidades financieras para mover ventas en momentos en que cada operación cuenta.
Porque detrás de un comercio que vende hay empleo.
El límite al sobreendeudamientoPero posiblemente la decisión social más fuerte de las últimas semanas haya sido otra.
La morosidad de las familias argentinas alcanzó niveles que no se observaban desde hacía años. El crédito dejó de utilizarse solamente para comprar un electrodoméstico, cambiar el auto o financiar un proyecto. Cada vez más familias recurren al endeudamiento para atravesar el mes.
Frente a ese escenario, Misiones instrumentó primero mecanismos de refinanciación para trabajadores y jubilados sobreendeudados.
Después, Passalacqua avanzó con una decisión inédita: reducir al 30% del haber neto el límite para los descuentos voluntarios correspondientes a nuevos créditos y establecer topes sobre tasas y costos financieros.
El concepto es sencillo: cobrar una deuda no puede significar dejar a una familia sin dinero para vivir.
Otra vez aparece la diferencia entre administrar números y administrar consecuencias.
Administrar con recursos limitadosMisiones no maneja la política monetaria. No fija las tasas nacionales, no imprime pesos, no controla el dólar ni decide la orientación macroeconómica.
Tiene recursos limitados y debe administrar una provincia en medio de menores transferencias, caída de actividad y crecientes demandas sociales.
Por eso importa dónde decide colocar cada peso.
Programas Ahora. Refinanciación y desendeudamiento. Límites al sobreendeudamiento. Menos impuestos para determinadas actividades. Asistencia a casi 500 familias afectadas por los últimos temporales. Maquinaria vial para los municipios. Créditos de hasta 400 millones de pesos para infraestructura educativa.
El inventario importa porque muestra una dirección.
Ninguna de esas medidas resolverá por sí sola la crisis argentina.
Pero pueden amortiguar parte de sus consecuencias sobre los misioneros.
Y probablemente allí haya que buscar una parte de la explicación política del presente de Passalacqua.
Una identidad construida desde la cercaníaSu nivel de aceptación no descansa solamente en las medidas de gobierno, sino también en la forma en que ejerce el poder.
En una época de dirigentes estridentes, Passalacqua eligió un perfil diferente. Habla poco, recorre mucho y generalmente evita convertir cada decisión de gobierno en una disputa política.
Lo cortés no quita lo valiente.
Eso también produce contraste.
Mientras el gobernador fortalece una identidad construida alrededor del territorio, el trabajo, la cercanía y la respuesta, otro sector de la política provincial continúa asociado, para parte del electorado, a lógicas de conducción y concentración de poder vinculadas con una etapa anterior.
Ese será uno de los desafíos que deberá enfrentar Encuentro Misionero y cualquier armado que pueda surgir alrededor de dirigentes provenientes de aquel esquema.
Cambiar el nombre no alcanza.
La sociedad evalúa no solamente las nuevas denominaciones, sino también las trayectorias, los actores, los respaldos y las referencias políticas que aparecen detrás de cada proyecto.
Esa consideración también alcanza a dirigentes que poseen gestión y reconocimiento propios, como Leonardo Stelatto. Las pertenencias y referencias políticas forman parte inevitable de la evaluación pública.
Cualquier proyecto asociado a la conducción anterior deberá convivir también con la valoración que la sociedad haga de aquella etapa y de sus métodos.
El poder que se construye caminandoPassalacqua parece haber elegido otro lugar para construir poder: el territorio.
Allí puede entenderse que una motoniveladora vale mucho más que una fotografía cuando permite sacar yerba, tabaco o alimentos de una colonia.
Que bajar impuestos al turismo puede significar mantener abierta una agencia.
Que limitar el descuento de un crédito puede determinar si una familia llega o no a fin de mes.
Que después de un temporal no alcanza con contabilizar damnificados: hay que llevar chapas, colchones, alimentos y reconstruir el tendido eléctrico.
Son cosas pequeñas frente a los grandes discursos de la política.
Pero son enormes para quien las necesita.
La política suele preguntarse cómo recuperar la confianza de una sociedad cansada. Contrata consultores, inventa marcas, cambia nombres, ensaya discursos y busca nuevas palabras para presentar proyectos conocidos.
Passalacqua parece haber encontrado una fórmula bastante menos sofisticada.
Ir a los pueblos. Escuchar. Cuidar los recursos. Elegir prioridades. Resolver lo que se pueda. Explicar lo que no se puede.
Y volver la semana siguiente.
Más Noticias












