

Hay una manera de gobernar que se parece mucho a leer un libro. La vista se posa en el centro de la página, en el texto principal, en lo que todos leen. Pero el margen, ese espacio que parece vacío, es el que guarda las anotaciones, las dudas, los subrayados, las cosas que a uno le hicieron ruido. El margen no es lo que sobra. Es lo que queda después de leer, cuando algo se detuvo y obligó a pensar. Hay gobernantes que solo miran el texto principal. Y hay otros que, cada tanto, levantan la vista y se detienen en el margen.
Setenta y seis intendentes reunidos en Ruiz de Montoya, una localidad del centro de Misiones, no es una postal que vaya a ocupar las portadas de los diarios nacionales. Esa imagen no refleja una gran definición ideológica ni una frase destinada a ser viral. Hay, simplemente, un gobernador y un montón de jefes comunales repasando obras, pedidos y prioridades. Podría parecer un trámite. Sin embargo, en esa escena hay algo que empieza a repetirse y que dice bastante sobre la manera en que el gobernador, Hugo Passalacqua, elige ejercer el poder.
Durante años, la política misionera funcionó con una lógica vertical. Las decisiones se tomaban arriba, las instrucciones bajaban y el resto acompañaba. No había demasiado espacio para el matiz. El que estaba adentro, estaba. El que dudaba, se corría. Y el que pensaba distinto, se callaba para no molestar a los que estaban haciendo.
La escena de esta semana sugiere otra cosa. No un paraíso de horizontalidad, porque eso no existe en ningún gobierno. Pero sí un esquema donde escuchar, compartir decisiones y reconocer a los demás empieza a ocupar el lugar que antes tenía la obediencia. La autoridad del gobernador no desapareció. Sigue siendo él quien decide. Pero hay una diferencia entre imponer y decidir después de escuchar. Entre rodearse de los que siempre dicen que sí y aceptar que otros pueden tener una mirada distinta, incluso una crítica, que merece ser considerada. La horizontalidad, en política, no consiste en que todos manden. Consiste en entender que nadie tiene todas las respuestas.
Cuidar a la gente en tiempos de desgasteEn este punto es donde aparece una cuestión que trasciende la interna: la decisión de cuidar a la gente. De no agregarle más problemas a los que ya tiene. De no trasladarle a la sociedad las tensiones que la política genera por sí misma. Puede parecer una aspiración elemental. Pero no siempre es una prioridad para quienes ocupan posiciones de poder.
La política tiene sus urgencias, sus internas, sus ambiciones y sus tiempos. La sociedad tiene otros. Y no necesariamente coinciden. Mientras algunos dirigentes ya piensan en las candidaturas de 2027, en los acuerdos que podrían cerrar, en los adversarios que necesitan enfrentar o en las estructuras que pretenden construir, buena parte de los misioneros está preocupada por cosas mucho más cotidianas e inmediatas:
Levantarse temprano e ir al trabajo.
Llevar a los chicos a la escuela.
Hacer rendir la plata para el supermercado y pagar las cuotas.
Mantener abierto un comercio, sostener una chacra o encontrar un empleo.
Y, cuando se puede, compartir un asado con la familia.
La vida cotidiana transcurre con un ritmo distinto al vértigo de la política. Y mucho ya tiene la gente con sus propias preocupaciones como para que, además, deba soportar las peleas, los pases de factura y las disputas anticipadas por el poder.
Passalacqua parece haber entendido esa diferencia. Y está tomando una decisión que tiene valor político pero también social: no convertir a Misiones en un escenario de tensión electoral permanente cuando todavía falta mucho para las elecciones. No se trata de desconocer que existen diferencias, ambiciones o proyectos legítimos, ni de impedir que otros dirigentes hagan su propio camino, sino de no colocar esas disputas en el centro de la agenda provincial como si fueran más importantes que los problemas de quienes viven y trabajan en Misiones. El gobernador tiene la posibilidad de involucrarse en esas discusiones, responder cada movimiento y alimentar las tensiones. Por ahora, prefiere otra cosa: concentrarse en gobernar. Y eso también es una forma de cuidar.
La salud mental y el valor de la justicia socialHay un dato que no debería perderse de vista cuando en estos días se recuerda el Día Mundial de la Salud Mental. La sociedad argentina atraviesa un período de fuerte desgaste económico y emocional. La preocupación por el trabajo, los ingresos, el endeudamiento familiar y el futuro genera una presión que se acumula en los hogares. El propio Passalacqua habló esta semana de ese estrés social durante una reunión con representantes de una veintena de sindicatos, expresando su preocupación por la caída del empleo, las dificultades económicas y el deterioro del tejido social, incluso por el aumento de situaciones de violencia doméstica.
Allí reivindicó una idea que contrasta con el pensamiento del Gobierno nacional: la justicia social no es una aberración ni un obstáculo para el progreso, sino una condición necesaria para que exista comunidad. Y dejó una frase que define su posicionamiento: "Hoy nos estamos jugando la vida como sociedad, no solamente como sindicatos, sino como sociedad".
Ese concepto trasciende una discusión ideológica. Habla de la necesidad de evitar que las dificultades económicas terminen rompiendo los vínculos entre las personas, porque una sociedad no se sostiene solamente con indicadores fiscales, sino también con trabajo, oportunidades, solidaridad y la posibilidad de proyectar un futuro.
Mientras el Gobierno nacional coloca el equilibrio de las cuentas públicas en el centro de su discurso, Passalacqua intenta sostener una mirada donde las cuentas importan, pero también importa lo que sucede con las personas cuando la economía no les alcanza. Un Estado necesita administrar responsablemente sus recursos, pero el problema aparece cuando los números se convierten en una finalidad en sí misma y la gente queda relegada a un segundo plano.
Decisiones concretas y gestión territorialCuidar tampoco significa prometer que el Estado puede solucionar todo Misiones tiene limitaciones presupuestarias y problemas estructurales. Significa, en cambio, tomar decisiones procurando que las dificultades sean menores para quienes ya las están padeciendo. En ese criterio se inscriben varias medidas recientes:
Alivio fiscal: El Gobierno provincial oficializó una reducción del impuesto sobre los Ingresos Brutos para profesionales matriculados, del 5% al 3,5%, fruto del diálogo con colegios y consejos profesionales.
Infraestructura sanitaria y comunitaria: Incorporación de 8 ambulancias adquiridas con recursos provinciales (llevando la red de 154 a 162 unidades operativas), refuerzo de servicios de mamografía en seis hospitales públicos durante octubre, avance de una perforación de agua en Colonia Aurora para una escuela y más de cien familias, construcción de un puente en Oberá para reemplazar un paso de madera, y continuidad de un plan de asfaltado compartido.
La reunión con los intendentes en Ruiz de Montoya y con los gremios marca un funcionamiento donde los jefes comunales y los trabajadores dejan de ser espectadores para participar activamente de las conversaciones. Como resumió Passalacqua en Oberá junto al intendente Pablo Hassan: "Solos o separados no se puede".
Miras al futuro y defensa de los intereses provincialesEse concepto contrasta con los movimientos de dirigentes como Leonardo "Lalo" Stelatto en Posadas, quien busca proyectar su gestión municipal con aspiraciones provinciales. Si bien tiene derecho a hacerlo, presentar los logros de su gestión como un mérito exclusivamente personal ignora el respaldo institucional, los recursos y la estructura provincial que lo acompañaron durante años. En política, como en la vida, reconocer a quienes estuvieron no es una debilidad, sino una cuestión de gratitud.
En el plano nacional, la defensa de los intereses de Misiones se refleja en acciones concretas:
Instrucción a la Fiscalía de Estado contra la derogación de los límites a la compra de tierras por extranjeros (cuya suspensión provisoria dispuso la Corte Suprema).
Incorporación formal al Consejo de Control de la Vía Navegable Troncal para participar en las decisiones sobre el transporte fluvial y la Hidrovía.
Reclamo constante de fondos nacionales para atender emergencias agropecuarias.
La política puede vivir acelerada, pero no tiene derecho a obligar a la sociedad a vivir permanentemente en un estado de tensión electoral. Passalacqua ha elegido preservar el equilibrio, escuchar a los distintos sectores y atender las urgencias cotidianas.
Porque después de años de verticalismo, construir una política donde otros también sean escuchados representa un cambio profundo. Se trata de que la política vuelva a ocuparse de lo que verdaderamente importa: que una familia pueda pagar sus cuentas, que un chico llegue seguro a la escuela, que una persona encuentre atención médica, que un productor sostenga su chacra y que un trabajador no viva angustiado por su futuro. Ejercer el poder no consiste en tener a todos pendientes de uno, sino en estar pendiente de lo que les pasa a todos.
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Escuchar a todos, cuidar a la gente: otra manera de ejercer el poder









