En un giro geopolítico que ha dejado al mundo en vilo, las calles de Bagdad se convirtieron hoy en el epicentro de un clamor popular sin precedentes. Lo que durante décadas fue una relación marcada por la fricción, parece haberse transformado en un frente unido: el gobierno iraquí ha convocado a su población a las filas militares, buscando consolidar una fuerza conjunta con Irán para enfrentar lo que denominan la "amenaza externa" en la región.
Un grito unísono en las callesDesde las primeras horas de la mañana, miles de ciudadanos abarrotaron las principales arterias de la capital iraquí. La consigna fue clara y contundente: el rechazo absoluto a las operaciones militares de Israel y el respaldo logístico de Estados Unidos. Entre cánticos de protesta y banderas en alto, la multitud condenó de forma tajante la situación humanitaria en la Franja de Gaza, Cisjordania y el Líbano, calificando los hechos actuales como un genocidio que la comunidad internacional no debe ignorar.
Hacia un bloque regionalEl discurso oficial desde Bagdad no dejó lugar a dudas. Las autoridades hicieron un llamado a la unidad de las naciones árabes y persas para "erradicar de una vez por todas" los ataques contra civiles, especialmente contra mujeres y niños inocentes. Este acercamiento estratégico con Teherán marca un hito que redefine el equilibrio de poder en el Oriente Medio, planteando un desafío directo a la influencia de Washington y sus aliados.
La movilización no solo busca el reclutamiento, sino también enviar un mensaje de soberanía: Irak ya no está dispuesto a ser el tablero de ajedrez de potencias extranjeras. La tensión escala y el mundo observa con cautela este nuevo capítulo de resistencia regional.