El conflicto en Medio Oriente volvió a escalar en las últimas horas tras el vencimiento del ultimátum impuesto por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a Irán, lo que derivó en una nueva ola de ataques y máxima tensión internacional.
Durante los días previos, Trump había amenazado con lanzar una ofensiva masiva contra infraestructura iraní si no se cumplían sus exigencias, en especial la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz. Incluso, sus declaraciones generaron fuerte preocupación global por el tono extremo de las advertencias.
En ese contexto, se registraron bombardeos y enfrentamientos en distintos puntos del territorio iraní y zonas clave de la región, en el marco de una guerra que ya lleva varias semanas y que involucra también a Israel y aliados occidentales.
Sin embargo, cuando el plazo estaba a punto de expirar, se logró un acuerdo de último momento: Estados Unidos e Irán aceptaron un alto el fuego temporal de dos semanas, mediado por Pakistán, para intentar avanzar en negociaciones diplomáticas. 
El cese de hostilidades está condicionado a que Irán permita el paso seguro de buques por el estrecho de Ormuz, un punto clave para el comercio mundial de petróleo. Aun así, ambas partes advirtieron que la tregua es frágil y que responderán ante cualquier incumplimiento. 
El conflicto, que comenzó a fines de febrero tras ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes, ya provocó graves consecuencias humanitarias, económicas y geopolíticas, además de generar un fuerte impacto en los precios internacionales de la energía.
Por ahora, el mundo observa con cautela este frágil alto el fuego, mientras crece la incertidumbre sobre si se trata del inicio de una salida diplomática o solo una pausa antes de una nueva escalada bélica.
