Hay partidos que trascienden el presente y se meten directo en los libros de la psicología del fútbol. Para River Plate, enfrentar a Belgrano de Córdoba en una instancia decisiva dejó de ser un cruce adverso para transformarse en una auténtica pesadilla con tintes históricos. En una final electrizante que incluyó una remontada épica, el "Pirata" cordobés volvió a plantarse como el muro infranqueable del Millonario, privándolo de romper una sequía de dos años y medio sin levantar títulos.
La historia entre ambos equipos arrastra un karma pesado que el conjunto de Núñez parece no poder sacudirse. El recuerdo imborrable de aquellos cruces que marcaron el destino de la institución en el pasado volvió a flotar en el aire. Belgrano, con el cuchillo entre los dientes y una mística inquebrantable, revirtió un trámite que venía complicado y festejó con el alma ante un River que se quedó con las manos vacías y masticando una bronca monumental. 
Para los dirigidos por el Millonario, el golpe es durísimo. No solo se escapó un trofeo que hubiese significado un tremendo desahogo tras una larga racha de sequía, sino que la derrota reaviva un debate futbolístico inevitable: la increíble racha del Pirata cada vez que se cruzan en un mano a mano a todo o nada. Córdoba vuelve a estar de fiesta, mientras que en Núñez arranca una semana de replanteos profundos tras otra noche de pesadilla ante su verdugo histórico.
