












Detrás de la modernización digital de la que muchos hablan, se esconde una realidad mucho más cruda para el bolsillo de los argentinos. Los datos recientemente difundidos por el Banco Central (BCRA) revelan que la circulación de billetes en el país se hundió a niveles que no se veían desde hace casi cinco años, pero lo que parece un avance tecnológico es, para los analistas, un síntoma de una economía en estado de shock.
A mediados de diciembre, la cantidad de efectivo en la calle cayó un 43% respecto a los niveles de julio. Si bien el auge de las billeteras virtuales explica una parte, la otra mitad de la verdad es más dolorosa: la gente simplemente no tiene plata para gastar.
El dato más contundente aparece en las terminales bancarias. En septiembre se realizaron apenas 48,4 millones de extracciones, menos de la mitad de lo que se registraba en los diciembres de 2019 o 2021. Esta caída libre no solo responde a que el argentino prefiere el QR, sino a que el dinamismo económico se ha frenado en seco, reduciendo la necesidad de dinero para las transacciones diarias en los comercios de barrio.
Con el efectivo representando apenas un 6,2% del PBI, Argentina muestra una de las participaciones de dinero físico más bajas de su historia reciente. Esto desnuda dos problemas graves:
Aunque se intente vender la digitalización como un éxito, para muchos comerciantes minoristas la desaparición del efectivo es sinónimo de ventas perdidas. La falta de "plata en la calle" se traduce en locales vacíos y una economía que, lejos de estar pujante, parece estar moviéndose a paso de tortuga.
El billete físico, ese que alguna vez fue el motor del consumo diario en las ferias y negocios de cercanía, hoy es una especie en extinción en una Argentina que lucha por llegar a fin de mes.











