












Lo que prometía ser un almuerzo inolvidable frente a los paisajes de la Patagonia terminó en una pesadilla económica para una familia oriunda de Campo Ramón, Misiones. Durante un patrullaje de rutina en la zona del Circuito Chico, en San Carlos de Bariloche, efectivos de la Subcomisaría 55 divisaron una columna de humo que encendió todas las alarmas en un contexto de alto riesgo de incendios.
Al llegar al lugar, cerca del Puente Angostura, los uniformados se encontraron con un grupo de turistas misioneros que habían instalado un asador portátil a escasos centímetros de árboles nativos. A pesar de que los involucrados alegaron desconocer las prohibiciones, la normativa en la región es tajante y no admite excepciones.
La situación fue derivada de inmediato a los inspectores municipales, quienes procedieron a labrar un acta de infracción que, según las nuevas disposiciones de la Administración de Parques Nacionales, arranca con un piso de dos millones de pesos.
Este endurecimiento en las penas no es casual: la Patagonia se encuentra en estado de alerta máxima debido a la sequía y a los voraces incendios que ya afectan a miles de hectáreas en las provincias vecinas de Chubut y Santa Cruz.
Las autoridades de Bariloche y del Parque Nacional Nahuel Huapi recordaron que el encendido de fogatas solo está permitido en campings habilitados que cuenten con la infraestructura adecuada. Realizar fuego en áreas agrestes, además de ser un delito ambiental, pone en riesgo la biodiversidad y la seguridad de los residentes.
El caso de esta familia misionera sirve como una dura advertencia para los viajeros: el desconocimiento de la ley no exime del pago de multas que pueden escalar rápidamente dependiendo del daño potencial generado. En un verano donde el fuego no da tregua, la responsabilidad de los visitantes es la única barrera contra el desastre.











