












La crisis económica nacional empezó a pasar factura en las sábanas y mesas de la capital misionera. Ante una retracción del consumo que no da tregua y una temporada de verano que no cumplió con las expectativas, el sector hotelero y gastronómico de Posadas se encuentra en una situación límite, analizando medidas drásticas para evitar el cierre definitivo.
Desde la UTHGRA Misiones, su secretario general Antonio “Yiyo” Acosta, encendió las luces de alerta. Según el dirigente, varios establecimientos de gran porte ya están evaluando formalmente iniciar procedimientos preventivos de crisis. ¿Qué significa esto? Un paraguas legal que les permitiría ajustar costos laborales para intentar sobrevivir al temporal financiero.
De hecho, la realidad ya golpea los bolsillos de los empleados: en muchos hoteles se han implementado reducciones de jornada y pagos escalonados. Esta modalidad, que ya se vio el año pasado en localidades como San Javier, Aristóbulo del Valle o San Vicente, ahora desembarca con fuerza en la capital provincial.
Uno de los puntos clave de esta caída es la ausencia de los vecinos regionales. El flujo de turistas de Paraguay y Brasil, que solía oxigenar los fines de semana y feriados, ha disminuido drásticamente. A esto se le suma un diciembre con niveles de ocupación mínimos, dejando al sector sin el "colchón" necesario para encarar el resto del año.
A pesar del panorama sombrío, lo único que mantiene a flote la actividad es el turismo de eventos. Congresos, seminarios y competencias deportivas en Posadas son, hoy por hoy, el respirador artificial de una hotelería que ruega por una mejora en el poder adquisitivo de la gente.
Por ahora, el gremio apuesta al diálogo para evitar despidos masivos, aceptando reducciones horarias como un "mal menor" frente a la posibilidad de perder la fuente de trabajo. Sin embargo, la incertidumbre reina en un sector que depende directamente del humor del bolsillo nacional.











