












La dimisión se produjo tras la difusión de una carta en la que el funcionario cuestionó abiertamente la ofensiva militar. Según expresó, “Irán no representaba una amenaza inminente” para Estados Unidos y aseguró que el conflicto fue impulsado por “la presión de Israel y su influyente lobby en Washington”.
Kent sostuvo que no podía “en buena conciencia” respaldar una guerra que considera injustificada, y advirtió sobre las consecuencias humanas y estratégicas del conflicto. Su salida marca la primera gran ruptura dentro del aparato de seguridad estadounidense desde el inicio de la ofensiva.
El ahora exfuncionario también cuestionó la información utilizada para justificar la intervención, señalando que existió una “campaña de desinformación” que llevó a exagerar la amenaza iraní.
Desde la Casa Blanca, Trump desestimó las críticas y defendió la operación militar, insistiendo en que Irán representa una amenaza para la seguridad internacional. Incluso calificó a Kent como “débil en materia de seguridad”.
La renuncia deja al descubierto fuertes tensiones internas dentro del gobierno estadounidense, especialmente entre sectores más intervencionistas y aquellos que cuestionan el rumbo de la política exterior en Medio Oriente.
La guerra con Irán continúa generando repercusiones a nivel global, con impacto en la seguridad internacional, el precio del petróleo y el equilibrio geopolítico en la región.
La salida de uno de los principales responsables del área antiterrorista refuerza las dudas sobre los fundamentos del conflicto y abre un nuevo frente político dentro de Estados Unidos.











