












El gigante automotor alemán Volkswagen estudia una de las mayores reestructuraciones de su historia. La compañía evalúa eliminar hasta 100.000 puestos de trabajo en todo el mundo y cerrar cuatro plantas en Alemania, en un intento por recuperar competitividad frente al crecimiento de los fabricantes chinos de vehículos eléctricos e híbridos.
Según trascendió en medios alemanes, el plan impulsado por el CEO Oliver Blume duplicaría los recortes anunciados anteriormente y apunta a reducir costos, simplificar la estructura del grupo y concentrar la producción en los segmentos donde la marca todavía mantiene una posición fuerte.
La presión sobre Volkswagen se intensificó en los últimos años por el rápido avance de empresas chinas como BYD y Geely, que ganaron participación de mercado en Europa con vehículos eléctricos más económicos y una fuerte capacidad de producción. A esto se suman la caída de la demanda, los altos costos energéticos en Alemania y un escenario global cada vez más competitivo.
El plan contempla el posible cierre de las plantas de Hannover, Zwickau, Emden y la fábrica de Audi en Neckarsulm, una decisión que ya generó un fuerte rechazo del poderoso sindicato IG Metall, que advirtió que dará batalla para evitar despidos masivos y cierres de instalaciones.
De confirmarse, el ajuste marcaría un punto de inflexión para la industria automotriz alemana. Durante décadas, Volkswagen fue uno de los principales símbolos del poder industrial europeo, pero hoy enfrenta el desafío de adaptarse a un mercado dominado por la electrificación y por la creciente competencia asiática.











