












El bolsillo de los conductores vuelve a sentir el impacto del ajuste fiscal. A través de la publicación de un nuevo decreto en el Boletín Oficial, el Gobierno nacional autorizó una actualización en los impuestos que pesan sobre los combustibles líquidos y el dióxido de carbono, lo que se traducirá de forma inmediata en nuevos incrementos en los precios de la nafta y el gasoil en todo el país.
Con el objetivo de regular el impacto inflacionario en los surtidores, el Palacio de Hacienda optó por una estrategia gradual: aplicar solo una fracción del ajuste impositivo correspondiente al mes de julio y postergar el remanente acumulado para el mes de agosto. Desde el Ejecutivo argumentaron que este diferimiento parcial busca sostener el sendero de la desaceleración de precios sin resignar por completo la recaudación de los recursos fiscales postergados en los últimos trimestres.
En términos prácticos, las subas fiscales fijadas para este período establecen un incremento de $21,192 por litro para las naftas en concepto de combustibles líquidos, sumado a $1,298 por el tributo ambiental al dióxido de carbono. En el caso del gasoil, el aumento específico se ubicó en $18,959 por litro, además de los ajustes correspondientes al tratamiento diferencial y al componente de carbono.
Este nuevo escenario genera una fuerte preocupación en provincias como Misiones, donde la actividad económica y comercial depende fuertemente de la logística y el transporte terrestre de largas distancias. Cada variación en las pizarras de las estaciones de servicio repercute de forma directa y en cadena sobre los costos de la producción primaria y el abastecimiento general, dejando un panorama de total incertidumbre sobre lo que pasará en agosto cuando se deba completar el cronograma de incrementos pendientes.











