












El fenómeno de El Niño continúa intensificándose y las últimas proyecciones generan preocupación entre los organismos meteorológicos internacionales. Según el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos, existe más de un 90% de probabilidad de que el evento alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte de 2026-2027.
El escenario previsto podría convertir a este episodio en uno de los eventos de El Niño más intensos registrados desde mediados del siglo XX. Incluso existe una probabilidad significativa de que alcance niveles históricos durante el período comprendido entre octubre y diciembre.
El Niño es un fenómeno natural asociado al calentamiento anormal de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Ese cambio modifica los patrones de circulación atmosférica y puede afectar la distribución de las lluvias y las temperaturas en diferentes partes del mundo.
Sus consecuencias no son iguales en todas las regiones: mientras algunas zonas pueden registrar precipitaciones superiores a lo normal, otras pueden atravesar períodos de sequía, temperaturas elevadas o mayor frecuencia de determinados eventos extremos.
En América del Sur, El Niño suele generar un aumento de las lluvias en sectores del sur del continente, mientras que otras regiones pueden enfrentar condiciones más secas y cálidas.
Para Argentina, Paraguay, Uruguay y el sur de Brasil, el fenómeno puede favorecer mayores precipitaciones en determinadas áreas, aunque también aumenta el riesgo de inundaciones, daños en infraestructura y pérdidas agrícolas cuando las lluvias son demasiado intensas.
La evolución del fenómeno también es seguida de cerca por los organismos meteorológicos debido a sus posibles efectos sobre la producción agropecuaria, los recursos hídricos, la energía y diferentes actividades económicas.
El Niño no se limita al Pacífico. Sus modificaciones en la circulación atmosférica pueden repercutir sobre el clima de regiones ubicadas a miles de kilómetros del océano donde se origina.
Las proyecciones actuales anticipan cambios en temperaturas, precipitaciones y actividad de ciclones, aunque la intensidad y distribución exacta de cada impacto dependerán de cómo evolucione el fenómeno durante los próximos meses.
Por este motivo, los especialistas recomiendan seguir las actualizaciones de los organismos meteorológicos y fortalecer la planificación ante posibles eventos climáticos extremos.