Passalacqua abrió la tranquera y la política misionera volvió a moverse

Por Sergio Fernández Durante demasiado tiempo la política provincial funcionó bajo una lógica de concentración: había un centro desde donde se ordenaban candidaturas, alianzas, pertenencias, premios, castigos y hasta silencios. Ese modelo produjo estabilidad durante muchos años, pero también fue cerrando espacios, anulando discusiones y haciendo depender demasiado el funcionamiento político de una sola referencia.
Hace 11 horas EDITORIAL DEL DOMINGO

La creación de Encuentro Misionero dejó al gobernador Hugo Passalacqua frente a una situación inédita: todavía le quedaba un año y medio de mandato y el espacio político con el que había llegado al Gobierno se partía. La decisión de Carlos Rovira de avanzar en aquella dirección puede discutirse desde muchos lugares, pero tuvo una consecuencia concreta: dejó a un gobernador en ejercicio frente a la necesidad de reconstruir su base política mientras seguía administrando la Provincia.

Passalacqua eligió responder no reproduciendo el mismo sistema.

No buscó reemplazar un liderazgo absoluto por otro liderazgo absoluto. Tampoco parece interesado en proclamarse jefe ni conductor de nadie. Su construcción política tiene otra característica: abrió la tranquera.

Intendentes, legisladores, funcionarios, dirigentes, empresarios e inclusive la prensa, todos comenzaron a moverse con mayor libertad. Aparecieron conversaciones que antes parecían imposibles, nuevos bloques, acercamientos, diferencias y acuerdos. La política, que durante años había permanecido excesivamente encapsulada, volvió a circular.

Eso explica bastante de lo que está sucediendo a nivel provincial y en los municipios.

Passalacqua tiene una característica poco frecuente entre quienes alcanzan posiciones importantes de poder: no parece sentirse cómodo con el mesianismo. No necesita presentarse como dueño de todas las respuestas ni como dirigente indispensable. Su fortaleza actual surge, en buena medida, de algo paradójico: mientras menos intenta que todos lo sigan, más dirigentes terminan acercándose.

Había una demanda acumulada de terminar con el absolutismo político.

Y alguien tenía que animarse a abrir la puerta.


Gobernar en tiempos de menos recursos

Pero esa transformación ocurre, además, en un momento especialmente complicado para gobernar una provincia.

El Estado nacional redujo programas, transferencias y presencia en áreas que durante décadas compartió con las provincias. Los números presentados esta semana durante el cierre del análisis del Presupuesto 2027 permiten dimensionarlo: Misiones calcula para el próximo año recursos y gastos por $5,206 billones y sostiene que las transferencias nacionales vienen disminuyendo en términos reales.

El proyecto destina alrededor del 63% a educación, salud y políticas sociales.

La discusión sobre Nación, entonces, dejó de ser solamente ideológica. Es práctica.

Cuando Nación se retira de una obra, alguien tiene que decidir si esa obra continúa. Cuando desaparece un programa, alguien recibe a quienes dependían de él. Cuando disminuyen los subsidios, alguien recibe la factura.

Y cuando la economía se contrae, los problemas terminan golpeando primero en las puertas de los municipios y después en las del Gobierno provincial.

Por eso cobra importancia lo ocurrido con la energía.

En Posadas, hace un mes, Misiones expuso en la reunión del Norte Grande el reclamo por una injusticia histórica: una provincia sin gas natural no puede ser medida con los mismos parámetros de consumo eléctrico que regiones donde las familias disponen de otra fuente energética.

El planteo impulsado por Passalacqua derivó en el compromiso nacional de ampliar el consumo subsidiado para las denominadas Zonas Cálidas hasta 500 kWh durante seis meses y 300 kWh durante el resto del año.

No es una discusión abstracta sobre federalismo.

Es plata en el bolsillo de las familias.

La misma lógica puede observarse en otras decisiones de estos días.

El IPRODHA estableció que desde noviembre las actualizaciones mensuales de las cuotas tendrán un tope del 1,7%. La medida procura vincular de manera más razonable las obligaciones de los adjudicatarios con la evolución de sus ingresos y evitar que una vivienda social termine convirtiéndose en una carga imposible de sostener.

Industria avanzó, mientras tanto, con un régimen simplificado para pequeñas empresas. La Resolución 77/26 permite reemplazar parte de las exigencias iniciales por documentación básica y una declaración jurada, manteniendo los controles posteriores de seguridad, higiene y ambiente.

La Dirección General de Industria deberá resolver las habilitaciones alcanzadas por el régimen dentro de un plazo máximo de diez días hábiles.

Parece burocracia.

No lo es.

Para alguien que quiere abrir una pequeña industria, cada mes perdido esperando un expediente significa alquiler, salarios, servicios y capital inmovilizado sin producir.


Una provincia que necesita más empresas

Allí aparece otro debate que Misiones deberá dar con mayor profundidad.

El Parque Industrial y de la Innovación fue concebido para que se radiquen empresas, nazcan emprendimientos, crezcan industrias y se genere empleo. Esa finalidad debe estar siempre por encima de cualquier interés particular.

Los bienes públicos tienen sentido cuando multiplican oportunidades, no cuando terminan concentrándolas.

Una provincia pequeña necesita muchos empresarios creciendo, no uno solo y con beneficios del Estado.

Muchos emprendedores. Muchas PyMEs. Muchas industrias. Mucha competencia.

Y un Estado que abra puertas en lugar de elegir privilegiados.

Esa discusión adquiere todavía más importancia cuando el empleo formal atraviesa dificultades.

Hacienda informó ante la Legislatura que el empleo asalariado registrado pasó de 109.500 puestos en junio de 2023 a 96.300 en 2026, una reducción de 13.200 empleos.

Al mismo tiempo, Misiones concentra unas 10.303 empresas privadas activas y alrededor del 32% de las firmas de todo el NEA.

Hay allí una señal suficientemente clara.

Sin empresas no hay empleo privado.

Y sin empleo privado ninguna provincia puede sostener indefinidamente una economía apoyada solamente sobre el Estado.


La discusión que abre la Vicegobernación

Pero la reorganización política que atraviesa Misiones también tiene zonas incómodas que deberán resolverse.

Una de ellas es la Vicegobernación.

Lucas Romero Spinelli fue elegido para acompañar a Passalacqua durante cuatro años. Sin embargo, la ruptura política alteró aquella sociedad electoral y abrió interrogantes sobre su ubicación actual.

Una cosa es que un vicegobernador tenga identidad propia, algo perfectamente legítimo, y otra muy distinta es que exista una distancia política tan grande entre quienes fueron elegidos como fórmula que la Vicegobernación deje de funcionar como complemento efectivo del Ejecutivo y pase a integrar una fuerza de la oposición.

La discusión no debería reducirse a una pelea personal.

El problema es institucional.

Misiones eligió gobernador y vicegobernador como una fórmula. Si políticamente hoy transitan caminos diferentes, corresponde que cada uno explique con claridad desde qué lugar cumple el mandato recibido y cuál es su aporte concreto a la gestión provincial.

En ese escenario también aparece el Parque de la Salud.

Entre quienes hoy se acercan al espacio opositor con el que estaría trabajando políticamente Romero Spinelli aparecen dirigentes desplazados durante el ordenamiento realizado en la Fundación Parque de la Salud.

Ese grupo intentaría ahora confluir electoralmente detrás del intendente de Posadas, en un movimiento que se interpreta como una reacción a la pérdida de poder y al proceso de ordenamiento y transparencia de estructuras y prácticas heredadas de la etapa anterior.

Allí aparece también una definición de esta nueva etapa: los organismos públicos no tienen dueños.

El Parque de la Salud debe estar al servicio de los pacientes, del mismo modo que el Parque Industrial debe servir para que se instalen y crezcan muchas industrias, y no para favorecer el crecimiento o los negocios particulares de una persona o un grupo.

Porque gobernar exige responsabilidades, no solamente cargos.


Más libertad, más responsabilidad

Y quizá esa sea también una consecuencia inevitable del nuevo escenario.

Cuando se levanta el cepo político, todos quedan más libres, pero también más expuestos.

Ya no alcanza con explicar decisiones por obediencia a una conducción superior.

Cada intendente, cada diputado, cada ministro y cada dirigente deberá hacerse responsable de aquello que hace, de lo que propone y también de aquello que decide no hacer.

Eso es más incómodo.

Pero es bastante más sano.

La política abierta tiene riesgos. Produce discusiones, contradicciones, competencia y seguramente errores.

El orden vertical resulta mucho más sencillo: uno decide y los demás obedecen.

El problema aparece cuando quien decide se equivoca.

Entonces se equivocan todos.

La etapa que comienza en Misiones parece distinta.

Passalacqua no necesita convertirse en el nuevo Rovira para construir autoridad. Incluso podría ocurrir exactamente lo contrario: que su mayor fortaleza termine siendo haber comprendido que una etapa política se agotó y que no corresponde reemplazar un absolutismo por otro.

Hay también una diferencia entre liderazgo y mesianismo.

Un gobernador debe marcar prioridades, tomar decisiones, administrar recursos, representar los intereses provinciales y asumir las consecuencias de sus actos.

No necesita decidir quién puede hablar con quién, qué dirigente puede crecer, qué intendente puede tener aspiraciones o qué legislador puede expresar una diferencia.

La democracia es bastante más desordenada que eso.

Por suerte.

Passalacqua tiene por delante todavía enormes dificultades. La caída del empleo, la crisis yerbatera, el deterioro del consumo, los problemas de infraestructura, las demandas salariales, la reducción de recursos nacionales y las necesidades crecientes de municipios y familias no desaparecen porque cambie la forma de ejercer el poder.

Pero algo sí cambió.

La política volvió a respirar.

Ahora un intendente puede buscar soluciones sin preguntar primero si políticamente corresponde. Un legislador puede construir acuerdos. Un dirigente puede imaginar otro recorrido.

Y el Gobierno provincial puede negociar con Nación sin que eso signifique subordinación, del mismo modo que puede discutir cuando considera perjudicados los intereses de Misiones.

No hace falta tener un enemigo todos los días para gobernar.

Tampoco hace falta tener un jefe eterno.

Quizás la transformación política más profunda que atraviesa Misiones no esté en los nombres de los nuevos espacios, en los bloques legislativos ni en las candidaturas que empezarán a discutirse para 2027.

Puede estar en algo bastante más sencillo.

Durante muchos años la pregunta fue quién tenía permiso para moverse.

Passalacqua abrió la tranquera.

Ahora cada uno deberá demostrar hasta dónde puede caminar por sus propios medios.

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