












Tras una imponente racha de 17 partidos sin conocer la derrota —con nueve victorias y ocho empates—, el Xeneize cayó como local ante el conjunto brasileño y cerró una etapa dorada. Los detalles de un partido que dejó marea alta en Brandsen 805.
La fortaleza de La Bombonera no pudo evitar lo que parecía impensado en las últimas fechas. Después de 17 presentaciones donde el orden defensivo y la efectividad habían sido los pilares fundamentales, Boca Juniors vio derrumbarse su invicto al caer frente a Vasco da Gama en su propia casa.
El ciclo de solidez que había acumulado nueve triunfos y ocho igualdades llegó a su punto final en una noche donde el conjunto carioca supo aprovechar los momentos clave del encuentro. A pesar de la entrega habitual y el empuje de su gente, el Xeneize careció de la fluidez ofensiva necesaria para destrabar un planteo rival inteligente y terminó cediendo los tres puntos.
Más allá del golpe de la derrota, la campaña que deja atrás este invicto posiciona al equipo en un tramo de alta competencia donde demostrar regularidad no es tarea sencilla. Sostenerse 17 partidos sin morder el polvo en el fútbol actual exige un desgaste físico y mental enorme, virtudes que el plantel supo administrar durante semanas clave tanto a nivel local como internacional.
Sin embargo, el traspié ante los brasileños enciende las alarmas justas de cara a lo que viene. El margen de error se achica y el cuerpo técnico tendrá la misión de corregir desajustes defensivos y recuperar la voracidad en el último tercio de la cancha para evitar que este tropiezo se convierta en una mala racha prolongada.
El invicto se terminó, pero la exigencia de la camiseta no descansa. Ahora, el Xeneize deberá demostrar carácter para reponerse de inmediato y transformar la bronca de esta caída en combustible para los próximos desafíos