












El fenómeno meteorológico de El Niño define las proyecciones climáticas para el último trimestre del año en Argentina. Según el informe del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) correspondiente a los meses de octubre, noviembre y diciembre, se anticipa una marcada probabilidad de precipitaciones superiores a las habituales en varias regiones, aunque las consecuencias serán heterogéneas a lo largo del territorio nacional.
Las provincias de Misiones, Corrientes y el resto del noreste argentino (NEA) se ubican en el área con mayor probabilidad de registrar un exceso de lluvias. Esta condición impacta directamente sobre:
Suelos saturados: La acumulación previas de humedad limita la capacidad de absorción de los terrenos, lo que incrementa el escurrimiento hacia arroyos y zonas bajas urbanas y rurales.
Cuencas hídricas: El caudal de los ríos Paraná, Uruguay e Iguazú responde tanto a las precipitaciones locales como a los aportes de las cuencas de Brasil y Paraguay, lo que sostiene el riesgo de crecidas y afectaciones a poblaciones ribereñas.
En las provincias del centro del país (Córdoba, Santa Fe, La Pampa y Buenos Aires), la distribución de las lluvias presenta un doble escenario. Si bien el aporte de humedad resulta favorable para ciertos sectores agrícolas, el exceso de precipitaciones puede dificultar la circulación por caminos rurales, retrasar labores en los campos y generar anegamientos en áreas urbanas cuando colapsan los sistemas de drenaje.
El fenómeno de El Niño no se manifiesta de la misma forma en todo el país:
Cuyo: Se prevén acumulaciones de nieve en la cordillera que podrían beneficiar las reservas hídricas para el deshielo en Mendoza y San Juan. Sin embargo, los especialistas aclaran que la recuperación dependerá del ritmo de las temperaturas estacionales.
Patagonia: Presenta un comportamiento dividido, con mayores lluvias previstas en la franja noreste y condiciones de sequía o menor precipitación en el sudoeste.
Noroeste (NOA): Muestra tendencias de precipitaciones inferiores a las normales, lo que puede profundizar la falta de agua en los suelos y aumentar la presión sobre las fuentes de abastecimiento en contexto de altas temperaturas.
El SMN aclara que las previsiones estacionales reflejan promedios trimestrales y no predicen tormentas puntuales. Por ello, se remarca la necesidad de dar seguimiento continuo a las alertas meteorológicas de corto plazo y al estado de los niveles hidrométricos de los ríos en las zonas expuestas.