












El gobierno de Francia reforzó las medidas de seguridad en París y otras ciudades tras los episodios de violencia que acompañaron las manifestaciones por el costo de vida. El primer ministro Sébastien Lecornu señaló que grupos de la ultraizquierda habrían organizado un "esquema insurreccional" detrás de los hechos más graves, entre ellos el incendio del ayuntamiento de Limoges, mientras que ya suman más de 2.500 las personas detenidas y 123 permanecen en prisión preventiva.
Los toques de queda se mantienen en sectores sensibles de París, Marsella, Niza y Burdeos. En la capital, la medida rige entre las 23 y las 6 horas en zonas como la plaza de la República y el barrio de Les Halles, con fuerte presencia policial y patrullaje aéreo durante la noche. El gobierno también anunció un dispositivo de seguridad masivo para el próximo sábado, cuando se esperan nuevas movilizaciones convocadas por los "chalecos amarillos" y organizaciones estudiantiles.
La situación ha profundizado la disputa política en el país. Mientras el Ejecutivo apunta a una organización detrás de los desmanes —y este martes detuvo a un hombre de 34 años vinculado a esos grupos—, la izquierda cuestiona que las autoridades no den respuesta a los reclamos sociales que motivaron las marchas originalmente. Las investigaciones distinguen entre los participantes organizados y quienes aprovecharon el caos para cometer saqueos, utilizando imágenes de redes sociales para identificar responsables.
En el marco de las tensiones, la fiscalía investiga además la muerte de dos hombres durante los enfrentamientos en París. Un hombre de 59 años falleció tras sufrir una indisposición cerca de la plaza de la República, donde el contexto de violencia habría dificultado la atención médica. Otro hombre de 48 años murió en Les Halles tras descompensarse en la vía pública. Francia transita así una crisis que combina reclamos sociales, violencia urbana y una intensa disputa política a pocos meses de las elecciones presidenciales.