Un punto de inflexión en la política misionera y nacional
La elección del 26 de octubre marcó un punto de inflexión en la política misionera y nacional. La victoria de La Libertad Avanza en la provincia no fue solo el triunfo de una lista, sino la expresión de un voto que buscó alinearse con el rumbo nacional. Los ciudadanos de los municipios más poblados de Misiones optaron por respaldar al presidente Javier Milei y su candidato, Diego Hartfield, depositando en ellos la expectativa de que la economía empiece a mejorar. Pero con esa confianza llega también una responsabilidad: la de responder a las demandas concretas de una sociedad que atraviesa el año más difícil de la última década.
La expectativa ciudadana sobre HartfieldEn los pueblos y ciudades donde se impuso el espacio libertario, la gente ya empieza a verbalizar un reclamo claro: “Queremos conocer a Hartfield para pedir lo que hace falta”. El ganador de las elecciones es ahora el interlocutor directo del Gobierno nacional, y su figura concentra la esperanza —y también la exigencia— de los sectores que votaron por el cambio. El mensaje que dejó el resultado es inequívoco: los misioneros entendieron que la puerta a golpear es la de la Nación, porque allí está el poder real de decisión sobre la economía y el bienestar colectivo.

La paradoja es evidente: en el peor momento de la yerba mate, cuando los secaderos pagan precios por debajo del costo y las chacras se vacían de rentabilidad, los productores votaron por quienes desregularon su principal actividad económica. En las zonas forestales, donde las ventas se paralizan y las fábricas trabajan a media máquina, también ganó el oficialismo nacional. Los jubilados y las universidades públicas, golpeados por el ajuste, no encontraron en el voto una herramienta de defensa. La sociedad eligió acompañar al presidente Milei incluso a costa de su propio padecimiento, pero ahora exige que la economía empiece a funcionar.
Una elección nacionalizadaEl resultado misionero debe leerse como una elección nacionalizada. No se votó por la gestión local, sino por un modelo económico. La gente votó la ilusión de que las medidas nacionales puedan devolver dinamismo al consumo y al comercio. Ahora el desafío es otro: el presidente tiene la palabra. Es tiempo de estimular la economía, de generar empleo, de hacer crecer la producción. La paciencia social no será infinita y el fin de año se perfila difícil.

Sin embargo, el triunfo libertario del 26 de octubre también revaloriza la victoria provincial del Frente Renovador del 8 de junio. Diego Hartfield perdió con el renovador Neo Sebastián Macías. En aquel momento, la Renovación le ganó al partido del presidente en una elección donde se discutían exclusivamente los temas de Misiones. Ese antecedente cobra hoy otra dimensión: en la provincia, cuando se vota lo local, la gente sigue eligiendo a quienes gobiernan y conocen el territorio.
Hartfield, un desconocido para la mayoríaPorque Hartfield, más allá del resultado, es un desconocido para la mayoría de los misioneros. No caminó las chacras, no recorrió los barrios, no tiene un vínculo directo con la realidad provincial. En cambio, el Gobierno de Misiones sigue al lado de la gente, resolviendo problemas concretos, defendiendo los programas que la Nación quita, sosteniendo la obra pública y las políticas sociales que permiten atravesar la crisis.

El gobernador Hugo Passalacqua, fiel a la tradición del misionerismo, volvió a tender puentes institucionales. Esta semana participó de la cumbre de gobernadores convocada por Milei en Casa Rosada, donde ratificó su disposición al diálogo “las veces que sean necesarias para consensuar temas, más allá de las lógicas diferencias, con el objetivo de hacer crecer al país y a Misiones”. Es una postura coherente con la estrategia que Carlos Rovira definió hace años: Misiones no debía ser ni K ni opositora, sino colaborativa. Los resultados le dan la razón.

Pero el equilibrio político permitió preservar un espacio de representación provincial, manteniendo dos senadores propios que serán decisivos en el nuevo esquema de acuerdos que el Gobierno nacional busca tejer con las provincias no kirchneristas.
Gestión concreta: títulos de propiedad y programas socialesMientras el discurso nacional promete reformas y crecimiento, en Misiones la gestión sigue mostrando hechos. Passalacqua entregó en Puerto Rico más de 60 títulos de propiedad a familias del barrio fundacional San Alberto, reafirmando que “este no es un acto de entrega, es un acto de amor y devolución”. En tiempos de incertidumbre económica, ese tipo de gestos reafirman el vínculo entre el Estado provincial y su pueblo: dar seguridad, pertenencia y justicia a quienes esperaron años por el reconocimiento de su tierra.
También se concretó, tras gestiones directas de la Provincia, la prórroga del régimen que permite compatibilizar programas sociales con empleo rural registrado. Una medida que sostiene la inclusión y la formalización laboral, fundamentales para las economías regionales. Es un logro que demuestra que la política del diálogo rinde frutos cuando se usa para construir y no para confrontar.

Misiones mantiene así su rumbo: gobierno cercano, gestión presente, decisiones concretas. Frente a un contexto nacional incierto, el misionerismo apuesta a la estabilidad, al trabajo y a la institucionalidad. La Nación tiene hoy el mando de la economía, pero la provincia conserva el pulso de la realidad cotidiana.
El mensaje de las urnas fue doble: por un lado, la gente acompañó al presidente por el otro, reconoció que el modelo provincial sigue siendo el que mejor interpreta sus necesidades. Por eso, más allá de los resultados, el desafío ahora está en la acción. Milei y Hartfield tienen que empezar a devolver la confianza que le dio la gente. El país entra en una etapa decisiva. Los votos del 26 de octubre trasladaron la responsabilidad a la Nación. La esperanza, la economía y el bienestar de la gente están hoy en manos del presidente Milei. Que empiece a moverse. Misiones ya lo hizo.