Del UPD al UDQ: la nueva moda estudiantil que inquieta a colegios y familias

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 Del UPD al UDQ: la nueva moda estudiantil que inquieta a colegios y familias
Del UPD al UDQ: la nueva moda estudiantil que inquieta a colegios y familias

En distintas provincias del país comenzó a instalarse una nueva tendencia entre los alumnos que finalizan el secundario: el UDQ, sigla que significa Último Día de Quinto. Esta modalidad, que busca convertirse en una despedida simbólica del ciclo lectivo, se suma al ya conocido UPD (Último Primer Día) y está generando preocupación tanto en escuelas como en familias.


El UDQ consiste, principalmente, en que los estudiantes se reúnan la noche previa al último día de clases para festejar entre amigos. Bailes, música, reuniones en casas o espacios privados, y en muchos casos consumo de alcohol, forman parte de estos encuentros que suelen extenderse hasta el amanecer. Sin descanso y con un clima de euforia, muchos grupos llegan a las escuelas con banderas, remeras intervenidas o el uniforme modificado para marcar su despedida.


Lo que comenzó como una expresión festiva y creativa fue tomando otra dimensión con el paso del tiempo. En varias instituciones educativas se observó que algunos alumnos ingresan sin haber dormido o incluso bajo los efectos del alcohol, lo que afecta el normal desarrollo de las clases y pone en riesgo su seguridad. Ante esta situación, numerosos colegios decidieron adoptar medidas más estrictas para contener los excesos.


Docentes y preceptores coinciden en que el cierre del año despierta emociones intensas en los adolescentes, lo que a veces les dificulta respetar los límites del ámbito escolar. La mezcla de cansancio, excitación y el deseo de continuar con los festejos dentro de la institución genera escenarios que requieren una intervención constante del personal educativo.


En algunos colegios, las autoridades optaron por adelantarse a posibles complicaciones. Hay establecimientos que modificaron fechas, avisaron de manera sorpresiva cuál sería el último día de clases o directamente prohibieron cualquier tipo de ingreso que no se ajuste a las normas habituales. Estas decisiones suelen generar descontento entre los estudiantes, que buscan mantener la tradición y vivir una despedida especial.


En los últimos días, un caso registrado en la provincia de Mendoza encendió aún más el debate. Un festejo desbordado terminó en daños significativos dentro de un colegio privado, lo que derivó en sanciones colectivas y en la implementación de un plan de reparación de las instalaciones. El episodio puso de relieve los límites difusos entre celebración y descontrol, y abrió la discusión sobre cómo acompañar a los jóvenes sin exponerlos a situaciones de riesgo.


Del lado de las familias, la preocupación crece a medida que estas costumbres se expanden. Muchos padres entienden la importancia emocional que tiene el cierre del ciclo secundario, pero también reconocen que el consumo de alcohol y la falta de descanso aumentan los riesgos. Algunas familias empezaron a organizarse en grupos para supervisar discretamente los festejos, turnándose para acompañar y garantizar un entorno más seguro.


El fenómeno del UDQ deja en evidencia un desafío actual: encontrar un equilibrio entre permitir que los adolescentes vivan su despedida con alegría y establecer límites claros que cuiden su integridad. Escuelas y familias coinciden en que el diálogo, la prevención y el acompañamiento son claves para que estas celebraciones no terminen convirtiéndose en situaciones problemáticas.

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