Misiones frente a la tormenta: gestionar cuando el marketing no alcanza

- EDITORIAL DEL DOMINGO

Misiones frente a la tormenta: gestionar cuando el marketing no alcanza
Misiones frente a la tormenta: gestionar cuando el marketing no alcanza

La crisis es nacional, las respuestas son provinciales

Misiones viene surfeando una crisis que no es propia. Es una ola nacional provocada por la macroeconomía que golpea a todas las provincias: empresas que frenan, empleo que retrocede, producción que se achica y salarios que vuelven a perder incluso cuando la inflación desacelera. Lo que cambia, de un distrito a otro, no es la existencia del problema sino la capacidad de amortiguarlo: cuánto se administra, cuánto se anticipa y cuánto se está presente.

El ajuste pega en todos lados

Los ejemplos sobran. En Chaco, el gobierno de Leandro Zdero eliminó el Fondo Estímulo Productivo para trabajadores del área de Producción y los gremios denunciaron recortes severos en los ingresos. Varias provincias no pudieron pagar el aguinaldo otras se endeudaron para cumplir. En paralelo, los datos oficiales muestran tres meses consecutivos de caída del salario real en todo el país.

Como si faltara una señal más, la actividad económica volvió a retroceder en noviembre: industria, comercio y construcción —sectores intensivos en empleo— empujan hacia abajo. El bolsillo sigue sintiendo el ajuste. El crecimiento prometido por el presidente no llega y, por ahora, no muestra señales concretas.

Misiones no escapa, pero intenta amortiguar

En ese contexto, Misiones no es una excepción. Pero sí intenta marcar una diferencia: no quedarse quieta esperando que pase la tormenta. En las últimas semanas se empieza a percibir con más claridad una lógica de recambio, nuevas figuras, segundas líneas activas en el territorio y mayor presencia institucional.

No hace falta romantizar la gestión. En épocas de incertidumbre, la gente mide a la política por su capacidad de resolver lo inmediato. Y ahí, la presencia importa.

Seguridad: cuando los resultados pesan más que el discurso

Un área donde esa presencia se vuelve visible es la seguridad. Con todas las discusiones posibles —y siempre perfectible—, Misiones sostiene un estándar que en otras provincias se observa con atención. La recuperación de camionetas robadas en Brasil, dos solo en enero, mediante trabajo conjunto con fuerzas del país vecino, funciona como símbolo de una fuerza que actúa y responde.

También aparece un consenso interno en torno a la figura del subjefe Asencio, bien valorado dentro de la institución. En un escenario donde el delito fronterizo se complejiza, los resultados pesan: no son slogans, son operativos.


Alivio fiscal y consumo: sostener lo esencial

En lo fiscal, la Provincia sostiene una política de alivio enfocada en lo concreto: prórrogas, bonificaciones, regímenes de regularización, descuentos por pago anual, beneficios para profesionales e incentivos a la actividad económica.

A esto se suma la continuidad de programas de estímulo al consumo como los AHORA y el esfuerzo del Gobierno Provincial por sostener beneficios sensibles como el colectivo misionero, permitiendo que miles de familias puedan enviar a sus hijos a estudiar sin costo. No cambian la macro nacional, pero evitan que el impacto sea devastador.

Orden sin estridencias: una diferencia silenciosa

Ese margen de acción existe porque Misiones ordena sus cuentas desde hace tiempo. Sin épica y sin ruido. No se endeudó como si el futuro fuera infinito. Cuidó equilibrio y previsibilidad. Ese orden no resuelve la crisis, pero evita que se vuelva incontrolable.

También deja expuesta una discusión incómoda para la política nacional: la presión fiscal que más pesa sobre la producción y el consumo no está en Posadas, está en Buenos Aires.

Cuando las promesas chocan con la realidad

Esa discusión terminó instalada por una voz externa a la política tradicional: un ingeniero forestal. El cruce con el diputado nacional Diego Hartfield dejó una escena elocuente. Ante el reclamo de medidas concretas para competir —baja de IVA y Ganancias, alivio energético, freno a importaciones sin reglas parejas— la respuesta fue una evasiva: “lleva tiempo y debate”.

La réplica expuso una contradicción difícil de tapar: si se hicieron reformas a gran velocidad, ¿por qué la baja de impuestos —promesa central— necesita paciencia infinita?

El límite del marketing libertario

El episodio no fue técnico, fue político. Por primera vez, el debate no quedó dominado por un solo relato. Cuando la economía real no mejora, el marketing pierde fuerza.

La comunicación de La Libertad Avanza funciona mientras se mantenga en consignas generales. Pero se vuelve frágil cuando baja a lo concreto: empleo, costos, importaciones, impuestos específicos. En ese terreno, las respuestas empiezan a sonar más a excusas que a soluciones.

Discurso anti-casta, prácticas de siempre

A eso se suman señales que erosionan la credibilidad libertaria. Mientras se denuncia “la casta”, se reproducen prácticas clásicas: armado de estructura, nombramientos, cargos para ex candidatos. Las designaciones en delegaciones del PAMI Misiones con figuras vinculadas a listas de LLA son un ejemplo fácil de entender y difícil de justificar.

Se critica al Estado, pero se lo utiliza para construir poder.

La pregunta que sigue sin respuesta

La pregunta de fondo no es ideológica, es práctica:
¿qué recibe Misiones de la Nación, más allá de lo que marca la ley?
¿Dónde está la agenda productiva para una provincia fronteriza, con costos altos y competencia directa con Paraguay y Brasil?

Cuando la única respuesta es “esperen”, la sensación de vacío crece.

Menos consignas, más soluciones

Mientras el país discute ajuste y desinflación, Misiones enfrenta un doble desafío: sostener orden y cercanía, y no permitir que se instale una mirada injusta sobre su realidad fiscal. La presión impositiva nacional pesa más que cualquier simplificación local. Y la economía real lo sabe.

Tal vez ahí esté el punto de quiebre. Los relatos ganan elecciones. Pero los hechos, tarde o temprano, definen la realidad y el bolsillo. Hoy, mientras la crisis aprieta, la sociedad empieza a pedir menos frases y más respuestas. Misiones, con aciertos y límites, intenta no quedarse. La Nación, por ahora, sigue debiendo.

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