El Gobierno Nacional atraviesa un presente de contrastes que desconcierta hasta a sus propios seguidores. Mientras las pizarras de la City porteña devuelven números verdes, con un riesgo país en caída, bonos al alza y una acumulación de reservas que hace soñar con el regreso a los mercados internacionales, la economía real parece haber puesto el freno de mano.
El éxito financiero vs. la parálisis del día a díaA pesar de las "caras felices" en el Ministerio de Economía por el orden macro, la realidad de la calle muestra otra cara: el consumo no repunta, la inflación sigue golpeando el bolsillo y el empleo empieza a mostrar fisuras. Ni el ambicioso RIGI ni las miles de desregulaciones promovidas han logrado, hasta el momento, traducirse en inversiones concretas que muevan la aguja de la actividad industrial.
La apuesta oficial ahora se traslada a la minería y la energía, sectores que Milei imagina como los nuevos motores de la Argentina. Sin embargo, en el camino, la industria tradicional sufre y la tensión con los grandes grupos económicos —como Techint— empieza a ser indisimulable.
Un gabinete en "coma profundo"Lo más llamativo para los analistas es el clima dentro de la propia Casa Rosada. Tras los últimos cambios en el equipo de gobierno, la gestión parece haber entrado en un letargo. Quienes transitan los pasillos oficiales describen un aislamiento creciente de los hermanos Milei y áreas enteras de gobierno que muestran poca actividad o iniciativa.
Incluso dentro del bloque libertario, el optimismo por una reelección casi segura debido al desorden de la oposición convive con un diagnóstico crudo: "La épica se adormeció como la economía". El gobierno parece hoy un espectador de problemas urgentes como el estado de las rutas o las crisis regionales, mientras espera que el "milagro" de la libertad finalmente derrame sus beneficios en la sociedad.
¿Estamos ante el nacimiento de un nuevo modelo de país o simplemente en la calma antes de una nueva tormenta? Por ahora, Milei se muestra solo frente al espejo, confiando en su estabilidad macro, mientras el "misil en el placard" de la recesión sigue allí, exigiendo movimientos con extremo cuidado.