Un cambio silencioso en la percepción social
Hay momentos en los procesos políticos en los que la percepción social cambia de manera silenciosa pero profunda. No ocurre de un día para otro ni responde a un solo hecho puntual. Es un desgaste lento, acumulativo, que empieza a reflejarse en encuestas, conversaciones cotidianas y en la sensación cada vez más extendida de que la realidad económica no mejora.
Los últimos datos sobre la gestión del presidente Javier Milei parecen mostrar que ese momento podría estar comenzando.
Las encuestas muestran un deterioro de la imagenUna encuesta de la consultora Brújula Social difundida en marzo de 2026 ubica la imagen negativa del gobierno nacional en 54,8%, con un 40,2% de los consultados que califican la gestión como “muy mala”. La valoración positiva alcanza el 37,2%. No es un porcentaje menor, pero queda claramente por debajo de los niveles de rechazo.
Además, desde septiembre de 2025 el presidente habría perdido cerca de siete puntos de apoyo.
Del triunfo electoral a la erosión del apoyoEl dato resulta llamativo si se tiene en cuenta que apenas unos meses antes, en octubre de 2025, el oficialismo obtuvo una amplia victoria en las elecciones legislativas. Es decir, el respaldo electoral no se tradujo automáticamente en una consolidación del apoyo social.
Según el consultor Juan Adaro, director de Pulso Research, la imagen pública de Milei ha sido “históricamente elástica”, con movimientos bruscos según el contexto político y económico.
La distancia entre la macroeconomía y la vida cotidianaParte de la explicación podría encontrarse en la distancia entre los anuncios macroeconómicos y la experiencia cotidiana de la población.
En el plano discursivo, el Gobierno sostiene que el orden fiscal y las reformas estructurales sentarán las bases para un crecimiento futuro. Pero en la vida diaria muchas familias siguen enfrentando un escenario de consumo retraído, ingresos deteriorados y mercados laborales inestables.
La “herencia” pierde peso en la explicaciónEse desfasaje aparece reflejado en otro dato relevante de la encuesta: por primera vez desde el inicio de la gestión, quienes responsabilizan al actual gobierno por la situación económica superan a quienes culpan principalmente a la administración anterior.
El 46,9% atribuye el escenario negativo a decisiones actuales, mientras que el 41,6% lo vincula con la herencia recibida.
Durante 2024 y buena parte de 2025, la narrativa de la “herencia” funcionó como un argumento políticamente eficaz para explicar los costos del ajuste. Sin embargo, los datos sugieren que ese recurso empieza a perder fuerza.
Dudas sobre las reformas y el rumbo económicoAlgo similar ocurre con la percepción sobre las reformas impulsadas por el Gobierno. Según la encuesta, el 52,7% de los consultados considera que el rumbo del país es incorrecto, mientras que el 33% cree que va en la dirección adecuada.
En relación con la reforma laboral, el 53,6% entiende que beneficiará principalmente a los empleadores y el 66,2% cree que los trabajadores serán los principales perjudicados.
Las expectativas económicas asociadas a esa reforma tampoco resultan mayoritariamente optimistas: el 56,5% cree que podría derivar en menos empleo y el 56% considera que podría provocar recesión económica.
El límite de la indulgencia socialLa encuesta también sugiere que la “indulgencia social” que suele acompañar a los gobiernos recién electos —ese crédito inicial que permite tolerar decisiones difíciles— podría estar llegando a su límite.
La sociedad parece empezar a exigir resultados concretos en la vida cotidiana y no únicamente en indicadores macroeconómicos.
Un clima que también se percibe en las provinciasEse cambio de clima no se percibe únicamente en los números de una encuesta. También se observa en las provincias, donde el impacto de la recesión se siente con mayor intensidad.
Comercios con ventas más bajas, industrias con menor actividad, familias que reducen consumos y municipios que deben atender demandas sociales crecientes forman parte de una realidad que empieza a tensionar el vínculo entre el Gobierno nacional y amplios sectores de la sociedad.
Cuando las expectativas empiezan a agotarseEn política, el capital más difícil de recuperar es la expectativa. Cuando una sociedad deja de esperar mejoras inmediatas y comienza a dudar del rumbo, los gobiernos entran en una etapa distinta de su gestión.
No necesariamente significa el final de un proyecto político, pero sí marca el inicio de una fase más compleja: aquella en la que las promesas dejan de alcanzar y los resultados empiezan a ser la única vara de evaluación.