Este 24 de marzo no es un aniversario más. Al cumplirse medio siglo del inicio de la última dictadura militar en Argentina, la fecha se consolida como el pilar fundamental para reflexionar sobre el valor de la democracia y el peso ineludible de la verdad. Aquel martes de 1976, el quiebre del orden constitucional bajo el mando de la junta militar de Videla, Massera y Agosti, dio paso a la etapa más oscura de nuestra historia contemporánea.
Durante siete años, el país se sumergió en un régimen que desmanteló las instituciones, suspendió las garantías ciudadanas y aplicó un plan sistemático de represión. La creación de centros clandestinos de detención y la desaparición forzada de miles de personas dejaron una herida abierta que, 50 años después, la sociedad argentina continúa sanando a través del ejercicio activo de la memoria.
La labor incansable de organismos de derechos humanos, con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo a la vanguardia, fue y es la brújula en la búsqueda de identidad y justicia. Lo que comenzó como un reclamo de aparición con vida se transformó en un movimiento global por los derechos civiles que hoy nos permite decir "Nunca Más" con fundamentos sólidos.
Recordar cada 24 de marzo, bajo el marco de la Ley 25.633, no es solo mirar hacia atrás es un compromiso con el presente. En tiempos donde los discursos autoritarios pueden resurgir, fortalecer los valores democráticos y la convivencia pacífica es la mejor herramienta para asegurar que el horror no se repita. La memoria colectiva es, en última instancia, el escudo más fuerte de nuestra libertad.