La tensión social y el deterioro económico marcan la agenda del movimiento obrero. La Confederación General del Trabajo (CGT) anunció oficialmente una movilización para el próximo 30 de abril a las 15 horas en Plaza de Mayo. El encuentro, que servirá de antesala al Día del Trabajador, contará con un condimento especial: una celebración religiosa en homenaje al Papa Francisco, subrayando el fuerte vínculo entre la Iglesia y el sector laboral en este contexto de crisis.
Desde la cúpula de la central obrera, Jorge Sola destacó que la consigna no será solo conmemorativa, sino de denuncia. Los ejes centrales de la protesta apuntan directamente al ajuste económico, la pérdida constante de puestos de trabajo y el estancamiento de las paritarias. Según el triunvirato, la caída del poder adquisitivo está obligando a las familias a un endeudamiento insostenible para cubrir necesidades básicas.
Paritarias y desempleo en la miraEl reclamo gremial también apunta contra la Secretaría de Trabajo. La CGT exige la homologación inmediata de los acuerdos salariales, denunciando que el Gobierno utiliza el control de los salarios como un "ancla" para frenar la inflación. “Necesitamos una discusión libre y que se respete lo acordado en cada actividad”, señalaron los dirigentes.
En paralelo, los sectores más combativos, agrupados en el Frente de Sindicatos Unidos, ya planean un plenario masivo para el 1 de mayo. Con la participación de gremios como ATE, la UOM y aceiteros, el sindicalismo busca unificar un programa de acción frente al aumento del desempleo y la falta de soluciones oficiales para los trabajadores. 
