Rovira y el “nudo gordiano”: el mensaje oculto que expone el límite de la política en Misiones

- Política

Rovira y el “nudo gordiano”: el mensaje oculto que expone el límite de la política en Misiones
Rovira y el “nudo gordiano”: el mensaje oculto que expone el límite de la política en Misiones

¿Qué quiso decir Rovira con el nudo gordiano?

Por Iván Osvaldo Ortega

Antes de ayer, en el Salón de las Dos Constituciones de la Legislatura de Misiones, la dirigencia provincial se reunió en una escena que, más que un encuentro político, pareció una instancia de revisión. En ese contexto, una imagen sobresalió por sobre el resto: el nudo gordiano.

No es una metáfora casual. En la antigua Frigia, el rey Gordias había dejado un nudo tan enredado que nadie lograba desatarlo. Era, en esencia, un problema imposible de resolver con los métodos habituales. Hasta que Alejandro Magno decidió no perder tiempo en la complejidad y lo cortó de un tajo. La enseñanza es clara: hay situaciones que no se solucionan con paciencia infinita, sino con decisiones.

Eso, trasladado al presente, permite entender el sentido de la frase.

Cuando Carlos Rovira habló del nudo gordiano, no estaba apelando a una imagen decorativa. Estaba señalando un límite. El de una realidad —económica, social y política— que se ha vuelto demasiado compleja como para seguir siendo administrada con las mismas herramientas de siempre.

El nudo, en este caso, es múltiple.

Es la economía que no termina de reaccionar mientras los precios siguen subiendo. Es la producción que encuentra cada vez más dificultades para sostenerse y no se reactiva. Es la concentración en algunos sectores que deja a muchos actores en condiciones desiguales. Es la informalidad que crece como única salida. Es, también, el desgaste de la política y la distancia con una sociedad que ya no responde del mismo modo.

Pero hay algo más.

El nudo también está en la representación. En una dirigencia que advierte corrimientos, cambios generacionales, nuevas demandas, y que entiende —aunque no siempre lo diga— que ya no alcanza con sostener lo que funcionó en el pasado.

En ese contexto, hablar de cortar el nudo no implica una actitud temeraria ni una invitación a la ruptura sin criterio. Implica reconocer que hay problemas que no pueden seguir siendo postergados o tratados de manera parcial. Que llega un punto en el que decidir se vuelve más importante que explicar.

Y decidir, en política, siempre supone asumir costos.

Desde el lugar que me tocó ocupar —como observador directo de la reunión—, la sensación fue esa: que el concepto del nudo gordiano no buscó embellecer el discurso, sino plantear una disyuntiva.

Seguir rodeando y dando vuelta sobre los problemas, o empezar a resolverlos.

La diferencia no es menor.

Porque en un país donde la crisis se ha vuelto una constante, y donde cada sector carga con su propia forma de desgaste, la política ya no puede permitirse el lujo de la dilación. La sociedad no espera diagnósticos, espera resultados.

Tal vez por eso la metáfora resulta tan pertinente.

No se trata de desatar con paciencia lo que ya se ha vuelto inextricable. Se trata de tener la claridad —y el coraje— para intervenir donde hace falta.

El desafío, como siempre, no está en nombrar el nudo.

Está en decidir qué hacer con él.


Este artículo está optimizado para dispositivos móviles.
Leer Versión Completa