La producción de mandioca, uno de los motores económicos y culturales de la provincia de Misiones, atraviesa una de las crisis más severas de los últimos años. El semáforo de economías regionales de Coninagro ha colocado al cultivo en zona roja, una calificación que refleja la preocupante combinación de rentabilidad negativa y una caída drástica en el consumo.
Esta situación crítica no es producto de un solo factor, sino de una acumulación de problemas que afectan a más de 70.000 familias misioneras. Por un lado, la política económica y los bajos precios históricos desincentivaron a los colonos, provocando el abandono de muchas plantaciones. Por el otro, el clima jugó una mala pasada: un invierno extremadamente duro diezmó los plantines, dejando a los productores sin material suficiente para encarar la siembra actual.
Paradojas y falta de consumoActualmente ocurre un fenómeno contradictorio. Si bien el precio de la raíz ha comenzado a subir, los productores no tienen stock suficiente para vender y aprovechar esa mejora. A esto se le suma una pérdida del poder adquisitivo que golpeó de lleno en la mesa de los argentinos: se estima que el consumo interno de mandioca cayó más del 50% en el último año.
La brecha impositivaEl sector industrial también está contra las cuerdas. La fécula de mandioca tributa un 21% de IVA, mientras que otras harinas compiten con una carga del 10,5%. Esta diferencia, sumada a los altos costos logísticos, hace que el precio en la góndola sea muy superior a los 400 pesos que recibe el productor en la chacra.
El futuro del sector depende ahora de que se logren alivios fiscales y de que el consumo se reactive, para que el cultivo emblemático de nuestra tierra vuelva a ser el sustento fuerte de nuestra región.
