La morosidad en Argentina se convirtió en uno de los principales problemas económicos del 2026, con niveles históricos que afectan tanto a familias como a empresas y ponen en jaque al sistema financiero.
Según informes recientes, el incumplimiento en el pago de créditos viene creciendo de forma sostenida y ya alcanza valores que no se registraban en las últimas dos décadas. Este fenómeno impacta directamente en el acceso al financiamiento, ya que los bancos mantienen tasas altas ante el riesgo de incobrabilidad. 
El deterioro de los ingresos, la suba de tarifas y el encarecimiento del crédito aparecen como factores clave detrás del aumento de la mora. En este contexto, cada vez más hogares tienen dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras. 
Los datos reflejan una situación crítica: la morosidad de las familias alcanzó el 11,2% en febrero, marcando el nivel más alto desde comienzos de los 2000 y acumulando 16 meses consecutivos de suba. 
El problema es aún más grave en el sector no bancario, como financieras y billeteras virtuales, donde la mora supera el 25%, golpeando especialmente a los sectores de menores ingresos. 
Este escenario genera un círculo complejo: tasas altas dificultan el pago de deudas, lo que a su vez aumenta la morosidad y obliga a los bancos a mantener el crédito caro.
Con el consumo debilitado y el acceso al financiamiento cada vez más limitado, la evolución de la morosidad será clave para la recuperación económica en los próximos meses.
