












A diez ruedas cambiarias de las elecciones, el panorama financiero luce más calmo que días atrás. La decisión inédita del Tesoro estadounidense de intervenir en el mercado local “comprando pesos” modificó drásticamente el humor de los inversores. Bonos y acciones se dispararon, el riesgo país volvió a ubicarse por debajo de los 1.000 puntos y la presión sobre el dólar comenzó a aflojar.
“El acuerdo para intervenir bilateralmente es, por definición, creíble. En este contexto, las bandas cambiarias pasan a un segundo plano”, explicó el ex secretario de Hacienda Pablo Guidotti, al analizar la magnitud del respaldo norteamericano.
A esa operación se sumaron declaraciones del secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien sostuvo que “la banda cambiaria sigue siendo adecuada para el programa del Gobierno”. La pregunta que sobrevuela entre operadores y economistas es si ese diagnóstico seguirá vigente después del 26 de octubre.
El apoyo estadounidense también despejó temores sobre la disponibilidad de divisas para afrontar los próximos compromisos con los bonistas. En particular, el pago del 9 de enero por USD 4.300 millones quedó, por ahora, fuera de riesgo.
Las últimas semanas trajeron una cadena de buenas noticias: una línea de swap por USD 20.000 millones, anuncios de inversión en inteligencia artificial, el acuerdo energético entre YPF y ENI, y la expectativa por el encuentro entre Donald Trump y Javier Milei en la Casa Blanca.
Sin embargo, en el plano político, el oficialismo todavía arrastra el impacto de la derrota en Buenos Aires y las derivaciones del caso Espert, que frenaron el impulso electoral de La Libertad Avanza. “No se puede hacer campaña si todos te preguntan por Espert”, reconoció un dirigente cercano al espacio.
La gran incógnita que hoy plantean los mercados es qué sucederá si el Gobierno logra estabilizar las variables económicas y acumular reservas, pero no obtiene un resultado favorable en las urnas. En otras palabras: cómo continuará el programa económico si se consiguen los dólares, pero faltan los votos y el apoyo legislativo para avanzar con las reformas estructurales.
El oficialismo enfrenta un dilema: el propio Milei elevó el valor político de la elección de octubre, presentándola como condición para avanzar en las tres reformas centrales —tributaria, laboral y previsional—. Pero los números del Congreso siguen siendo adversos: incluso con un triunfo nacional, La Libertad Avanza quedaría lejos de cualquier mayoría, y la construcción de alianzas legislativas sigue siendo su punto débil.
Mientras tanto, el programa económico sigue requiriendo inyecciones periódicas de dólares para sostener el equilibrio. En apenas dos años, el Gobierno apeló a distintos mecanismos: fondos del FMI, préstamos REPO, blanqueos y, más recientemente, la asistencia directa del Tesoro de Estados Unidos.
“Si pedís un rescate al FMI en abril y otro a Estados Unidos en octubre, ese programa fracasó estrepitosamente”, evaluó el economista Emmanuel Álvarez Agis.
De cara a las próximas semanas, la mirada del mercado se divide entre dos lecturas posibles. La optimista, que resalta el respaldo internacional y la estabilización cambiaria; y la pesimista, que advierte sobre un Gobierno con recursos financieros pero sin poder político para concretar las reformas prometidas.











