












Las Cataratas del Iguazú no solo esconden paisajes imponentes, sino también secretos biológicos que la ciencia acaba de blindar. Gracias a un exhaustivo estudio realizado por investigadores del CONICET y de las universidades nacionales de Misiones (UNaM), del Nordeste (UNNE) y de Buenos Aires (UBA), se logró establecer un marco de protección legal para la Paspalum lilloi, una planta única en el mundo.
Lo que hace especial a esta especie no es solo su belleza adaptada a las rocas y al flujo constante de agua, sino su capacidad reproductiva. La investigación, publicada en el Boletín de la Sociedad Argentina de Botánica, reveló que la planta es autofértil. Esto significa que puede producir semillas sin depender de polinizadores ni de otros ejemplares, un mecanismo clave para no desaparecer en un hábitat tan específico y reducido.
La Paspalum lilloi vive en un área extremadamente pequeña: apenas ocho kilómetros cuadrados entre los parques nacionales de Argentina y Brasil, incluyendo zonas críticas como la Garganta del Diablo. Debido a las alteraciones en los regímenes de los ríos y las obras hídricas, la especie fue catalogada en Peligro Crítico por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Basándose en estas evidencias científicas, la provincia de Misiones tomó cartas en el asunto y la declaró Monumento Natural y de Interés Público. Con esta medida, queda estrictamente prohibida su extracción del medio natural y se regula cualquier tipo de estudio sobre ella.
Este logro científico no solo asegura la supervivencia de la planta a través de bancos de germoplasma y cultivos controlados, sino que sienta un precedente histórico en el país para proteger otras especies vegetales que están en riesgo y que solo crecen en rincones específicos de nuestra selva misionera.











