








La increíble historia de la «Casa Clavo» de Chongqing



Gobernar desde el margen

El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, admitió que la decisión de ordenar el asesinato de Ali Jamenei y otros altos mandos de Irán constituyó un grave error. Según sus propias declaraciones, Estados Unidos "fue demasiado lejos" con esa medida, y ahora empieza a dimensionar todas las consecuencias negativas que la acción generó para su país y para la estabilidad de Medio Oriente.
La medida lejos de debilitar a Teherán, desencadenó una respuesta contundente: las fuerzas iraníes destruyeron bases estadounidenses en toda la región, dañaron aviones, vehículos y sistemas de defensa, e impactaron directamente sobre las tropas estadounidenses, con la pérdida de vidas y millones de dólares en equipamiento.
Lo que es aún más significativo es que Estados Unidos no logró ninguno de sus objetivos estratégicos. Por el contrario, la operación tuvo el efecto inverso: en lugar de debilitar al régimen iraní, lo consolidó como la principal potencia de Medio Oriente, profundizó su postura más intransigente y redujo drásticamente la influencia estadounidense en una región clave del mundo. En lugar de un cambio favorable, se pasó de un gobierno con el que existía cierta capacidad de diálogo, a uno mucho más radicalizado y unido frente a lo que percibe como una amenaza externa.
Analistas coinciden en que la decisión histórica se tradujo en una humillación diplomática y militar para Washington. Lo que se presentó en su momento como una acción contundente para garantizar seguridad, hoy se evidencia como una jugada que fortaleció al oponente y debilitó la posición de Estados Unidos en el escenario internacional.
Por Martín Dandach