












Un fenómeno climático de intensidad excepcional podría marcar el cierre de 2026 y generar consecuencias importantes para la producción agropecuaria argentina. Las proyecciones internacionales advierten sobre una alta probabilidad de que El Niño alcance niveles históricos, con lluvias superiores a los promedios habituales en distintas regiones del país y riesgos para los cultivos, los caminos rurales y el transporte de la producción.
De acuerdo con un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), elaborado sobre la base de proyecciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), existe un 75% de probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad histórica. Además, las estimaciones ubican por encima del 90% la posibilidad de que llegue a una categoría muy fuerte.
El fenómeno de El Niño altera los patrones habituales de precipitaciones y temperaturas. En la Argentina, el norte del país aparece entre las zonas expuestas a lluvias superiores a los valores normales, una situación que puede tener efectos contrapuestos sobre la producción agropecuaria.
Por un lado, la disponibilidad de agua resulta fundamental para el desarrollo de los cultivos. Sin embargo, cuando las precipitaciones son excesivas o se concentran en períodos cortos, pueden provocar inundaciones, anegamientos y saturación de los suelos, además de complicar las tareas de siembra, cosecha y mantenimiento de las plantaciones.
Los caminos rurales también representan un punto crítico. Las lluvias intensas pueden dificultar el ingreso a las chacras y establecimientos productivos, interrumpir el tránsito y generar demoras en el traslado de granos y otros productos hacia los centros de acopio y comercialización.
En Misiones, el escenario requiere especial atención debido a la importancia de las economías regionales y de la agricultura familiar. El exceso de precipitaciones puede afectar cultivos como el tabaco, la mandioca, el maíz y la yerba mate, además de complicar la actividad ganadera y el transporte de la producción.
La saturación de los suelos aumenta el riesgo de erosión y escurrimiento superficial. En determinadas plantaciones, el exceso de humedad puede perjudicar el desarrollo de las raíces, mientras que los vientos fuertes y el granizo representan amenazas adicionales para los cultivos.
A esto se suman las posibles crecidas de arroyos y ríos, que pueden afectar caminos, puentes y otras infraestructuras utilizadas por productores y comunidades rurales.
El impacto final dependerá de la distribución de las lluvias, las características de cada zona y el momento del ciclo productivo. Por ese motivo, las proyecciones climáticas y el seguimiento de las condiciones locales serán fundamentales para anticipar riesgos y organizar medidas de prevención.
Los episodios de El Niño registrados en 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 provocaron alteraciones climáticas importantes en distintas partes del mundo, con consecuencias sobre la actividad económica y los mercados agrícolas.
Sus efectos no se limitan al período de mayor intensidad. Distintos estudios señalan que las consecuencias económicas pueden prolongarse durante varios años, aunque su magnitud depende de las condiciones de cada región y de la capacidad de respuesta ante los eventos extremos.
El fenómeno también podría repercutir en los mercados internacionales. Los cambios en la producción agrícola de los países afectados pueden modificar la oferta disponible y generar movimientos en las cotizaciones de distintos alimentos.
Las proyecciones mencionadas en el informe contemplan posibles variaciones en los precios del trigo, el maíz, la soja y el arroz. Sin embargo, estas estimaciones todavía presentan incertidumbre y no permiten anticipar con precisión la evolución de cada mercado.
En el caso argentino, por el momento no se establecen proyecciones específicas sobre las pérdidas de rendimiento que podrían registrar la soja, el maíz o el trigo durante la campaña 2026/2027 como consecuencia de este escenario.
La evolución del fenómeno durante las próximas semanas será determinante para conocer su alcance. El monitoreo de las condiciones meteorológicas, el mantenimiento de los caminos rurales, la protección de la infraestructura productiva y la planificación de las tareas agrícolas serán aspectos centrales para reducir posibles daños.
Para Misiones y el resto del norte argentino, el desafío será afrontar un escenario en el que el exceso de agua puede convertirse en un problema tanto para la producción como para la conectividad y la actividad económica regional.
Aunque las proyecciones generan preocupación, la magnitud definitiva del impacto dependerá de cómo evolucione El Niño y de las condiciones que se presenten en cada territorio.