Cuando hablamos del 24 de marzo, solemos mirar hacia las grandes capitales, pero el terrorismo de Estado también golpeó con fuerza en el corazón de nuestra selva y nuestras colonias. En Misiones, la represión no solo buscó el control político, sino que intentó desarticular por completo la organización de los pequeños productores y trabajadores rurales que soñaban con una vida más digna en el campo.
El Movimiento Agrario de Misiones (MAM) y las Ligas Agrarias fueron el principal blanco de un sistema que no perdonó el reclamo por precios justos para la yerba mate, el té o el tabaco. A diferencia de lo ocurrido en las grandes urbes, aquí la persecución tuvo un tinte rural: se utilizaron campamentos improvisados en el monte y, en muchos casos, las propias viviendas de los colonos se transformaron en escenarios de violencia y tortura, marcando a fuego a familias enteras de nuestra zona.
Nombres como el de Pedro Orestes "El Cosaco" Peczak, asesinado brutalmente en 1976, o referentes como Juan "Negro" Figueredo y Arturo Franzen, se convirtieron en símbolos de una generación que creía en la política como herramienta de transformación. También es vital recordar la valentía de mujeres como Felisa Bogado y Germania Escobar, quienes desde el aislamiento y el silencio del interior, iniciaron una lucha incansable por sus hijos desaparecidos.
A 50 años de aquel quiebre democrático, recordar lo que pasó en Misiones es un acto de justicia para nuestros pioneros y sus familias. Conocer nuestra historia local es la única forma de fortalecer una democracia que sea verdaderamente federal y que respete los derechos humanos en cada rincón de la provincia.