La profunda crisis que atraviesa el sistema de atención a personas con discapacidad en Argentina suma nuevos capítulos. En Rosario, el Centro de Día Alas, una institución con 38 años de trayectoria dedicada a la atención de jóvenes y adultos con discapacidad, advirtió que podría cerrar sus puertas en los próximos meses debido a una grave situación financiera.
La entidad, que actualmente acompaña a unas 30 personas y sus familias, denunció una deuda millonaria acumulada por parte de organismos estatales y obras sociales, situación que compromete el pago de salarios, el funcionamiento de talleres y la continuidad de las prestaciones. Según explicaron sus responsables, la deuda ronda los 90 millones de pesos y gran parte corresponde al programa Incluir Salud.
Desde la institución señalaron que, si no se regularizan los pagos durante las próximas semanas, el centro podría dejar de funcionar, afectando no solo a los usuarios sino también a decenas de trabajadores que dependen de la actividad diaria del establecimiento.
La situación de Alas refleja una problemática que se repite en distintos puntos del país. Prestadores, transportistas y centros especializados vienen denunciando desde hace meses retrasos en los pagos, aranceles desactualizados y dificultades para sostener servicios esenciales destinados a personas con discapacidad.
En Misiones, instituciones del sector también alertaron sobre el impacto de la falta de financiamiento nacional. Referentes locales advirtieron que muchas prestaciones se encuentran en riesgo debido a las demoras en los desembolsos del programa Incluir Salud, aunque destacaron medidas adoptadas por el Gobierno provincial para aliviar parte de los costos operativos.
La preocupación crece además porque la crisis no solo afecta a las instituciones, sino también a miles de familias que dependen de estos espacios para acceder a tratamientos, rehabilitación, transporte y acompañamiento profesional. Diversas organizaciones sociales, religiosas y prestadores reclaman respuestas urgentes para evitar el cierre de centros y garantizar la continuidad de la atención.
Mientras tanto, el futuro del Centro Alas permanece incierto. Sus trabajadores, familias y usuarios esperan una solución que permita sostener una tarea que llevan adelante desde hace casi cuatro décadas y que hoy enfrenta uno de los momentos más difíciles de su historia.
