












La promesa inicial había sido clara: un año de sacrificio extremo para ordenar la macroeconomía y empezar a ver resultados en 2025. Sin embargo, noviembre llegó con una imagen muy distinta. Actividad estancada, salarios deteriorados, jubilaciones licuadas y mayor endeudamiento familiar. El clima de fragilidad atraviesa todo: desde el changuito del súper hasta las economías provinciales, como la de Misiones, que hoy vuelve a sentir el peso de un ajuste sin amortiguadores.

Tras el rebote del segundo semestre de 2024 —más de 8% desde el piso de abril—, la economía entró en una meseta que preocupa. Los últimos informes del EMAE muestran que agosto ya acumulaba una caída respecto de diciembre. El “ajuste ejemplar” no se tradujo en crecimiento: derivó en un parate que se ve en fábricas, comercios y ciudades del interior.

La tasa de desempleo puede parecer estable, pero la realidad es otra. Desde noviembre de 2023 se destruyeron más de 200.000 empleos formales. La informalidad crece y ya alcanza a casi la mitad de las y los trabajadores. Es el modelo del “sálvese quien pueda” convertido en política pública.

El salario mínimo cayó más del 30% en términos reales. Los salarios registrados siguen más de 5% abajo que en diciembre pasado, y los estatales más del 14%.
Los jubilados tampoco escapan: casi la mitad perdió poder adquisitivo. La mínima vale menos que hace un año y menos que en noviembre de 2023.
La respuesta social fue previsible: endeudarse. Crece el uso de tarjetas para comprar comida y con ello la morosidad. A la vez, el dólar subió casi 40% desde abril pese a la promesa de estabilidad del nuevo régimen cambiario.

El 60% de los argentinos declara que la economía es su principal preocupación. La mayoría siente que está peor que hace un año, y más de la mitad cree que 2026 será aún peor. La celebración del respaldo de Donald Trump se vive como un síntoma: más fragilidad que fortaleza.

La crisis tiene un impacto particular en Misiones. La desregulación yerbatera dejó al productor expuesto: precios volátiles, secaderos al límite, cooperativas endeudadas, tareferos sin programas que contengan la estacionalidad. El producto que identifica a la provincia sufre la ausencia de políticas sectoriales.
La recesión se siente en Posadas, Oberá, Eldorado y en cada pueblo. Locales que cierran, retiros “voluntarios”, contratos que no se renuevan. A la caída del salario se suma el encarecimiento frente a Paraguay y Brasil, que golpea el turismo de compras.

El freno a la obra pública nacional dejó sin empleo a miles y paralizó proyectos estratégicos. Esto no se mide solo en indicadores: son escuelas que no se amplían, hospitales inconclusos, barrios sin pavimento.

Sin controlar el dólar ni la política monetaria, las provincias tienen poco margen. Pero Misiones eligió actuar. Las exposiciones, ferias y rondas de negocios no son actos protocolares: son estrategias para sostener empleo, producción y movimiento económico.
La Expo Eldorado–Feria Provincial del Trabajo es ejemplo de eso: 300 stands que integran empresas, emprendedores, turismo y capacitación.

En Apóstoles, la Fiesta Nacional e Internacional de la Yerba Mate impulsa rondas de negocios y jornadas técnicas que ayudan a que la crisis golpee menos. Allí donde Nación se retira, Misiones cuida su cadena productiva.

La perforación del pozo de agua en Picada Yapeyú cambió la vida de casi 40 familias: agua segura, salud, dignidad y arraigo.
En Iguazú, las más de 650 cuadras asfaltadas con fondos provinciales muestran un Estado presente que prioriza barrios, movilidad y turismo.

La Ronda +Mercado del sector hotelero y gastronómico en Iguazú vincula directamente a productores con hoteles y restaurantes. No es un eslogan: es una estrategia de supervivencia para que la riqueza provincial no se fugue.

Mientras el Gobierno nacional reduce el Estado a su mínima expresión, Misiones apuesta a un Estado presente que ordena, invierte y cuida a su gente.
El desafío es enorme: la resiliencia misionera no puede ser excusa para profundizar políticas que excluyen. La salida no es más ajuste, sino una macroeconomía que vuelva a mirar al interior, y provincias que sigan demostrando que se puede gobernar con dignidad y producción como brújula.











