El escenario para el sector yerbatero acaba de cambiar nuevamente. A través de una batería de resoluciones publicadas este miércoles en el Boletín Oficial (20, 21 y 23/2026), el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) rediseñó sus mecanismos de control, endureciendo las sanciones para quienes no cumplan con la burocracia estatal.
Lo que antes era una suspensión automática por falta de papeles, ahora se transforma en un proceso de intimaciones que puede terminar en la baja definitiva del registro. Para el colono o el dueño de un secadero, esto significa quedar "fuera del sistema": no podrán comprar, vender ni procesar un solo kilo de yerba hasta que regularicen deudas y presenten cada formulario exigido.
El regreso de la "lista negra" y el control del paloUno de los cambios más comentados es la vuelta del listado público de operadores. Tras haber sido removido de la web oficial en 2023, el INYM volverá a publicar los nombres, CUITs y el estado de inscripción de todos los actores del sector. Según el organismo, esto responde a la Ley de Acceso a la Información Pública, aunque en el sector se percibe como una forma de exposición para quienes tengan deudas.
Además, se reincorporó la obligación de declarar mensualmente el palo de descarte. Esta medida, que había sido eliminada en enero, vuelve a estar vigente para los secadores, quienes deberán informar hasta el último kilogramo de residuo al cierre de cada mes.
La falta de declaraciones juradas se paga caroEl cerco se cierra también sobre las obligaciones administrativas. Si un operador omite tres declaraciones juradas en un mismo año, su inscripción será dada de baja de manera inmediata. Para volver a operar, no solo deberá presentar lo adeudado, sino también pagar las multas correspondientes, lo que representa un golpe financiero directo a la rentabilidad del productor.
Un nuevo perfil para el organismoCon estos movimientos, el INYM termina de definir su nueva fisonomía bajo la actual gestión nacional. El contraste es evidente: mientras el mercado se mantiene desregulado en cuanto a los precios (dejando que los valores de la hoja verde se definan por oferta y demanda), el ente se vuelve implacable y burocratizado en las tareas de fiscalización, poniendo la lupa sobre cada movimiento de los pequeños y medianos productores misioneros.