​¿Peor que la pandemia? El dramático relato de un gastronómico histórico de Posadas ante la crisis

- Opinión

 ​¿Peor que la pandemia? El dramático relato de un gastronómico histórico de Posadas ante la crisis
​¿Peor que la pandemia? El dramático relato de un gastronómico histórico de Posadas ante la crisis

 La gastronomía de Posadas, históricamente vibrante y concurrida, hoy enfrenta un escenario que muchos referentes del sector califican como terminal. Mauricio Bertolusso, propietario del emblemático restaurante La Cacerola, lanzó una advertencia que resuena con fuerza en el sector: la recesión actual es más profunda y desgastante que el impacto sufrido durante la cuarentena por el Covid-19.

​Con más de 15 años de historia en el edificio del ex Hotel Majestic, Bertolusso explica que, a diferencia de la pandemia —que fue un golpe seco pero con un horizonte de salida—, el contexto económico nacional actual se siente como una agonía lenta. La temporada alta de 2025 fue calificada como "pobre", lo que impidió a los comerciantes generar el colchón de ahorro necesario para sobrevivir a los meses de baja actividad.

Costos por las nubes y platos difíciles de pagar

​El desbalance entre la inflación y el poder adquisitivo de los clientes es el principal enemigo. El empresario detalló ejemplos concretos: con un kilo de lomo que promedia los 25 mil pesos, el costo de la materia prima de un solo plato ya ronda los 7 mil pesos, sin sumar salarios, alquileres ni servicios. "No hay forma de vender calidad a precios irreales", advirtió, dejando claro que el margen de ganancia se ha pulverizado.

El fin del "efecto frontera" y la lucha por el empleo

​A la caída del consumo interno se le suma un cambio en la dinámica regional: Posadas ha perdido el beneficio del flujo de visitantes fronterizos que antes oxigenaba las cajas. Sin incentivos ni alivios impositivos nacionales que contemplen la realidad de las economías regionales, el sector sobrevive por pura inercia y cooperación entre colegas y proveedores.

​Actualmente, el desafío no es solo mantener las puertas abiertas de un edificio de 100 años de historia, sino también proteger las fuentes de trabajo. En el caso de La Cacerola, la lucha diaria se centra en sostener ocho puestos laborales, ajustando turnos y estrategias en un modelo económico que, por ahora, no ofrece señales de reactivación para el comercio local. 

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