La histórica lucha de los colonos misioneros por un precio justo enfrenta hoy su capítulo más incierto. En un escenario que muchos comparan con la oscura década del 90, el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) atraviesa un proceso de desmantelamiento interno que pone en jaque el sustento de más de 13.000 familias productoras.
Desde la llegada de la "era libertaria", el organismo que nació tras el histórico tractorazo de 2001 para equilibrar la balanza entre los grandes molinos y el eslabón más débil de la cadena, ha visto recortadas sus facultades esenciales. A pesar de las medidas cautelares interpuestas por el Gobierno de Misiones para frenar el impacto del DNU 70/2023, la reciente designación de Rodrigo Correa al frente del instituto ha marcado el inicio de una "desregulación interna".
El ajuste llega a la chacraBajo la premisa de la simplificación normativa, se han derogado controles de calidad y límites a la plantación, lo que para muchos productores representa una invitación a la sobreproducción y, en consecuencia, al desplome del precio de la hoja verde. Mientras las exportaciones de yerba alcanzaron cifras récord en 2025 (superando los 116 millones de dólares), el productor en la chacra sigue recibiendo pagos que no cubren los costos de producción.
"Estamos trabajando de sol a sol por migajas", es el sentimiento generalizado en las asambleas que hoy se replican en Oberá, Andresito y San Pedro. La transferencia de recursos hacia el sector industrial es evidente: mientras el kilo exportado promedia los 2 dólares, el colono pelea por alcanzar apenas los 50 centavos.
Rebelión y cese de cosechaAnte la falta de respuestas y la ausencia de autoridades en las mesas de diálogo, las bases yerbateras han tomado una decisión drástica: cese total de la cosecha. Los productores han otorgado un plazo de 14 días hábiles para que el directorio del INYM fije un valor de referencia que garantice la dignidad de quienes trabajan la tierra.
La crisis no es solo económica, sino social. El desmantelamiento de programas de salud y la falta de fiscalización en los secaderos amenazan con retrotraer a Misiones a una época de desigualdad extrema, donde los "zares de la yerba" dictaban el destino de miles de hogares. La pregunta queda flotando en el aire colorado: ¿Podrá la resistencia de las chacras frenar el avance de un modelo que prioriza el mercado sobre el arraigo rural?