​El "termómetro" de la vereda: cuando la cocina de casa se vuelve el último refugio frente a la crisis

- Economía

 ​El "termómetro" de la vereda: cuando la cocina de casa se vuelve el último refugio frente a la crisis
​El "termómetro" de la vereda: cuando la cocina de casa se vuelve el último refugio frente a la crisis

 Hay una economía que no sale en los noticieros nacionales, pero que se siente al caminar por la Costanera de Posadas, las plazas de los barrios o las avenidas de Eldorado. Es la economía de la subsistencia: esa que se cocina en hornallas familiares y se ofrece en mesas improvisadas sobre la vereda. Hoy, en Misiones, vender comida en la calle dejó de ser una "changa" ocasional para convertirse en la red de seguridad de miles de familias.

​No se trata de una elección o de un nuevo auge emprendedor es el reflejo de una crisis que empuja. Detrás de cada conservadora con empanadas o cada bandeja de pan casero, hay una historia de urgencia: un contrato que se terminó, un comercio que bajó la persiana o, simplemente, un sueldo formal que se rinde ante la inflación y ya no alcanza para pagar la luz o el alquiler.

​Supervivencia a fuego lento

​La postal se repite y ya no sorprende, aunque no por eso deja de doler. Jóvenes, madres con sus hijos y adultos mayores transforman el saber culinario heredado en su única fuente de ingresos. En las "veredas verdes" de los fines de semana, el ritual del pollo asado o la hamburguesa casera es, en realidad, un acto de resistencia.

​Reducir este fenómeno a "empleo informal" es ignorar la profundidad del problema. Cuando la calle se llena de vendedores, lo que estamos viendo es un mercado laboral que cruje y un consumo que cae. El drama es doble: el que vende lo hace con la angustia de no saber si mañana subirá el gas o si los clientes —tan golpeados como ellos— podrán seguir comprando.

​Un país que se refleja en la calle

​Este escenario misionero es el espejo de una realidad nacional. La pérdida del poder adquisitivo y el freno de la actividad económica han convertido a la vía pública en el último eslabón de contención social de norte a sur de la Argentina. La calle habla, y lo que dice es que la necesidad no puede esperar a que los gráficos mejoren.

​Mientras las cuentas siguen siendo frías y las empanadas calientes, la sociedad se enfrenta al desafío de no naturalizar la precariedad. Porque cuando vender en la vereda se vuelve la norma para sobrevivir, es señal de que algo muy profundo en el sistema está fallando. 

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