La situación económica de los adultos mayores vuelve a estar en el centro del debate. Un reciente informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) reveló una cifra alarmante: para no perder frente al costo de vida real, las jubilaciones, pensiones y asignaciones de ANSES deberían ser un 21% más altas de lo que son actualmente.
Los motivos del desfasajeSegún el análisis, esta brecha negativa no es casualidad, sino el resultado de dos factores clave que han pulverizado el poder adquisitivo de los beneficiarios:
- Metodología desactualizada: El Ministerio de Economía continúa midiendo la inflación con una canasta de consumo del año 2004. Al no aplicar la nueva metodología (que estaba prevista para principios de año), los aumentos otorgados quedan sistemáticamente por detrás de lo que los abuelos pagan realmente en el supermercado y la farmacia.
- El bono congelado: El refuerzo de $70.000 ha permanecido sin cambios a pesar de la suba de precios, lo que profundiza la pérdida mes a mes.
El informe del CEPA es contundente al traducir porcentajes en dinero de bolsillo. Se estima que un jubilado que cobra la mínima ha perdido, de forma acumulada, más de 1 millón de pesos desde la implementación de la nueva movilidad. Si a esto se le suma el efecto del bono congelado, la pérdida total escala por encima de los $2.400.000.
Para ponerlo en perspectiva, la Defensoría de la Tercera Edad señaló que la canasta básica para un jubilado ya supera el millón y medio de pesos. Con los haberes actuales, un jubilado que cobra la mínima apenas llega a cubrir los gastos de ocho días del mes.
El contraste oficialMientras la actualización estadística se posterga bajo el argumento de esperar a que la inflación se consolide a la baja, el informe cuestiona la disparidad de criterios, señalando que los ingresos en la alta jerarquía del Gabinete nacional han avanzado a un ritmo muy superior, dejando a los sectores más vulnerables con un margen de maniobra casi nulo frente a la góndola.