El paisaje del supermercadismo argentino está cambiando drásticamente, y no por una evolución del mercado, sino por una crisis de consumo que parece no encontrar piso. Cadenas emblemáticas como La Anónima, Cencosud y Libertad atraviesan un proceso de reestructuración forzada que combina deudas millonarias, caída en las ventas y el cierre definitivo de sucursales en puntos estratégicos del país.
El caso de La Anónima encendió las alarmas rojas en el sector financiero. Según su último balance ante la Comisión Nacional de Valores, la firma registró un salto impactante en la incobrabilidad: pasó de $2.830 millones en 2024 a superar los **$19.255 millones** en el último ejercicio. Aunque sus exportaciones de carne crecieron, el corazón de su negocio —la venta en góndola— cayó más de un 4%, arrastrado por una rentabilidad que hoy apenas roza el 0,65%.
Misiones y el país: El ajuste que golpea al empleoLa crisis no es solo de papeles y balances se siente en la calle. El grupo Libertad ha sido uno de los más agresivos en su política de recorte. El cierre de su formato Fresh Market en Buenos Aires es solo la punta del iceberg de un plan de achique que golpeó con especial dureza a Posadas. En la capital misionera, la firma pasó de tener 200 empleados a quedarse con apenas 60, transformando su hipermercado en un formato reducido debido a la abrupta caída de compradores de Brasil y Paraguay.
Por su parte, la chilena Cencosud (dueña de Vea y Easy) aceleró el cierre de locales en la provincia de Buenos Aires, Catamarca, San Juan y Tucumán. En muchos casos, como el de Vea en San Pedro, los costos fijos se volvieron impagables: alquileres que saltaron de 18 a 34 millones de pesos mensuales hicieron que mantener las persianas altas fuera una misión imposible.
Un escenario de incertidumbreEl panorama para el 2026 se presenta complejo. Al déficit operativo de las grandes cadenas se le suma la situación de los mayoristas como Yaguar y Caromar, que también iniciaron procesos de despidos masivos en ciudades como Bahía Blanca y Mar del Plata.
Con los costos laborales en alza y un consumo interno que acumula meses en negativo, el supermercadismo argentino se encuentra en una etapa de "supervivencia", donde el ajuste parece ser la única receta para no desaparecer del mapa comercial.