Lo que comenzó como una ingeniosa estrategia de marketing para subirse a la ola política del momento, terminó convirtiéndose en una profecía amarga. El Grupo Marengo, la histórica fábrica de golosinas con sede en Rafaela, Santa Fe, confirmó la venta y remate de su planta tras una crisis terminal que la dejó sin oxígeno financiero.
La empresa, que contaba con más de 80 años de trayectoria en el mercado nacional, había saltado a la fama masiva en diciembre de 2023. En aquel entonces, lanzaron una línea de caramelos ácidos bautizados "No hay plata", en honor a la célebre frase del presidente Javier Milei. Sin embargo, el eslogan que prometía "dulzura ante el ajuste" terminó reflejando la cruda realidad de sus propias planillas de ventas.
Un desplome que no dio treguaLa recesión golpeó con especial dureza al sector de las golosinas, considerado un consumo prescindible en épocas de crisis. A partir de 2025, Marengo inició un espiral de caída libre: primero llegaron las suspensiones sin goce de sueldo, luego el despido del 30% de su plantilla y, finalmente, el cese total de la producción por falta de insumos.
La situación alcanzó su punto crítico en este inicio de 2026, con los 60 trabajadores de la planta realizando protestas por deudas salariales y una incertidumbre total sobre su futuro. Según confirmaron fuentes gremiales del STIA, la empresa finalmente notificó que la fábrica fue vendida a un grupo inversor de Buenos Aires, aunque aún se desconoce qué pasará con los empleados actuales.
El fin de una era en RafaelaEl cierre de Marengo no es solo la caída de una marca, sino un síntoma del complejo escenario que atraviesa la industria alimenticia. La paradoja de los caramelos "No hay plata" quedará en el recuerdo como el último intento de una empresa familiar por sobrevivir a un contexto que terminó por devorarla.